Así, no se sale

Ni el país ni el Gobierno van a salir adelante mientras continúen mirando hacia el pasado, acumulando más muertos y más rencor a los muertos y a los rencores que se generaron en los dos bandos, antes y durante el censurable régimen militar.

A tantos años de restaurada la democracia, seguimos atados a una serie de problemas económicos, sociales e ideológicos que aún no se han podido superar, pese a la clara voluntad de un pueblo que ratificó la ley de amnistía, -aplicable cuando corresponda-, ni a través del bálsamo natural que debería haber proporcionado el transcurso del tiempo ni con el ejemplo que ofrecen otros países que han padecido situaciones mucho más graves que la nuestra. Los crímenes del nazismo quedaron enterrados en gran parte y entre los propios alemanes con el juicio de Nuremberg, concluido a un escaso año y medio desde que el Alto Mando firmara el Acta de Capitulación; el pasado de España murió con la muerte de Franco y el comunismo cayó sin pagar ni una sola de los millones de personas asesinadas o mandadas asesinar por Stalin.

Entre nosotros, por el contrario, es el Gobierno quien sigue manteniendo vivo un pasado irrecuperable, estimulando a otros para que continúen en esa línea, cuando lo que debería hacerse es dejar que los muertos descansen en paz y que la sociedad toda recupere una paz que le falta. Promoviendo denuncias que antes no se hicieron, o trasmitiendo a los hijos, -a través de la enseñanza flechada de la historia reciente-, una guerra que fue de los padres, o, insistiendo en cavar parcelas en la tierra tras la búsqueda de cuerpos que lamentablemente no aparecen, no se va a recuperar el pasado.

Nos negamos, como dice un Ministro, a sostener que esto recién se va a terminar el día que desaparezcan todos los que han sido protagonistas, porque todos los que sobrevivieron a su tragedia, se merecen vivir en paz los días que les queden por vivir. Y sumando más muertos, más venganzas, más violencia, más presiones ante las oficinas del Poder Judicial, nunca se va a alcanzar ese futuro. Así, sólo habrán otros hijos de otros hijos en los cuales se sembró el rencor y no la esperanza de un porvenir mejor.

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