NUEVA YORK | EFE, THE ECONOMIST
De norte a sur y de este a oeste se sucedieron ayer en Estados Unidos emotivos actos conmemorativos de los atentados del 11 de septiembre de 2001, con la participación de familiares, amigos y compañeros de los cerca de 3.000 muertos.
La lectura del nombre Gordon Mc Cannel Aamoth, de 32 años, que trabajaba en una corporación financiera en una de las torres gemelas de Nueva York, dio inicio a los actos conmemorativos en los que también participó el presidente estadounidense, George W. Bush.
Bush comenzó la jornada en Nueva York junto a la primera dama, Laura Bush, con una reunión con las fuerzas de seguridad y voluntarios que acudieron a socorrer a las víctimas del peor atentado terrorista en la historia del país.
A su vez, la Zona Cero neoyorquina fue escenario de escenas de dolor contenido, mientras se producía la lectura de los 2.749 nombres de los infortunados por parte de sus familias.
La lectura se realizó a intervalos, con música clásica de fondo, y durante su desarrollo los familiares depositaron flores en un estanque erigido sobre el lugar donde se alzaban las Torres.
Los neoyorquinos homenajearon a las víctimas de los atentados del 11-S con dos minutos de silencio, a las 8.46 y las 9.03, las horas en las que cada una de las Torres fue impactada por sendos aviones comerciales secuestrados y controlados por terroristas hace hoy cinco años.
En esta ceremonia, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, indicó que estos cinco años "han ido y venido y todavía estamos juntos".
Una segunda ceremonia se inició a las 14.30, en el muelle de Bayonne, en Nueva Jersey, frente a la Zona Cero de Manhattan, con la presencia del ex presidente Bill Clinton, su mujer y senadora por Nueva York, Hillary Rodham Clinton, y el gobernador de Nueva Jersey, Jon Corzine, además del secretario de Seguridad Nacional, Michael Chertoff.
En este acto se inauguró un monumento de 30,5 metros de altura y 175 toneladas de peso en honor de los que perdieron la vida en los atentados. Se trata de un regalo del presidente ruso Vladimir Putin.
Tras participar en los actos conmemorativos, Bush viajó desde Nueva York a Pennsylvania, donde depositó una corona de flores en un campo despoblado cerca de Shanksville, donde cayó otro de los cuatro aviones tras el forcejeo entre pasajeros y secuestradores.
En el campo donde fallecieron 44 personas también participó en un responso por las víctimas, tras el cual saludó uno a uno a los familiares, con quienes se hizo fotos, firmó autógrafos y departió.
Desde ahí se trasladó hasta el Pentágono, donde un cuarto avión fue estrellado contra uno de sus laterales y causó la muerte de 184 personas.
El aniversario coincidió con la difusión de una encuesta en la que se pone de manifiesto que la proporción de estadounidenses que culpa al Gobierno de Bush por los ataques terroristas del 11/S, ha subido del 30 a casi el 50% en cuatro años.
El sondeo, realizado por la firma Opinion Research Corporation para CNN, revela que el 45% opina que la administración Bush tuvo desde "mucha culpa" a "bastante culpa" por los ataques.
Además, en los últimos cinco años, los miedos de un nuevo ataque han estado siempre presentes. Las alertas de seguridad han sido aumentadas periódicamente y la administración Bush aún asegura que Estados Unidos es vulnerable. Pero el público estadounidense está perdiendo interés. De acuerdo a otra encuesta, del Wall Street Journal y la NBC de julio, sólo 14% reconoce que el terrorismo debe ser la prioridad principal del gobierno.
Tampoco es que los expertos estén impresionados por los esfuerzos del gobierno para proteger el país: cuatro en cinco piensan que Estados Unidos no está ganando la guerra al terror. Incluso aquellos que se definen como conservadores piensan que no está ganando. El Departamento de Seguridad Interna, que fue creado después de los ataques de 2001 para coordinar los esfuerzos contra las amenazas terroristas, es considerado ineficaz para proteger a los ciudadanos. Muchos expertos esperan un ataque en territorio estadounidense antes de cinco años.
El presidente Bush dijo la semana pasada que varios planes terroristas han sido frustrados en los últimos años. Los detalles de esas presuntas victorias se mantienen, por supuesto, en secreto. Una falla, por su parte, sería catastróficamente evidente.
Sigue la violencia en el sur afgano
KANDAHAR - Afganistán fue el primer eslabón en la guerra emprendida por Estados Unidos y sus aliados luego de los atentados del "11/S". La "Operación Libertad Duradera" comenzó el 7 de octubre de 2001 y tenía dos objetivos: derrocar al gobierno talibán que se había negado a entregar a Osama Bin Laden, presuntamente oculto en su territorio, y capturar, vivo o muerto, al líder de la red Al Qaeda.
Cinco años después y pese a que el gobierno talibán fue derrocado tras poco más de un mes, la zona está muy lejos de haberse pacificado. Los talibanes aún siguen teniendo una gran influencia, sobre todo al sur de Afganistán, donde los combates con la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF, por la sigla en inglés), encargada de pacificar la zona y permitir el regreso de los desplazados, son cruentos y constantes. Osama Bin Laden sigue prófugo, pese a las versiones que hablan de un escondrijo entre ese país y Pakistán.
Combates entre los insurgentes y ejército de la OTAN, al mando de la ISAF, provocaron ayer la muerte de 92 talibanes. Con ese saldo, ya son 510 los fallecidos de ese grupo desde un recrudecimiento de las hostilidades el pasado 2 de septiembre.
Ante el aniversario de los atentados, el presidente afgano, Hamid Karzai, dijo que "el progreso durante estos cinco años no hubiera sido posible sin el apoyo y sacrificio de Estados Unidos", pero esta opinión no es compartida por muchos analistas en Kabul, que apuntan que el sur vive sus peores combates. AFP Y EFE