CONSULTORA SERAGRO
El aumento en los rendimientos carniceros de la hacienda que ingresa a planta demuestra que los ganados que se están faenando provienen en su mayoría de sistemas intensivos de producción, sean praderas, verdeos, o feed lots (sistema de engorde a corral).
En efecto, los rendimientos de cada una de las categorías faenadas aumentan fuertemente a partir de julio.
La diferencia en los porcentajes de rendimiento que se registran entre mayo y agosto determinan variaciones de 10 o 12 kilos de carne por cada res faenada entre esos meses.
No es un fenómeno nuevo ni nada que se le parezca: cuando se acaban los ganados gordos de campo y finalizan los descartes masivos de hacienda a medio terminar para pasar el invierno, lo que pasa a predominar en la faena son los de alta calidad engordados sobre pasturas sembradas o con ración.
Como otra expresión del mismo fenómeno, los volúmenes de faena caen y los precios de los ganados trepan a los máximos del año. Son rasgos que caracteri- zan a la postzafra, que, aún atenuada, persiste en grandes líneas como funcionamiento estacional de la ganadería, por las razones climáticas que condicionan a la oferta de ganado gordo a lo largo del año.
No obstante, en los últimos años se acentúa la tendencia a aumentar la oferta en período de tradicional escasez, en procura de los mejores precios.
A medida que se introducen cambios tecnológicos en los establecimientos, especialmente en la producción de forraje, aumenta el volumen de producción en la estación fría, lo que tiende a atenuar las variaciones de faena y de valores entre este período y el resto del año.
Algo similar ocurrió hace años en la lechería, que moderó la curva de oferta de leche -la que se concentraba en la primavera-, haciendo parir las vacas en otoño, con un alto nivel de forraje de calidad, reservas henificadas o ensiladas, entre otras medidas.
precios. De ese modo, tanto en la lechería como en la ganadería de carne, el productor que ofrece su mercadería en invierno alcanza los precios más altos, y la industria se beneficia al contar con una oferta más pareja a lo largo del año, que le permite diluir los costos fijos de mejor manera.
En la carne, además, el producto invernal es de mejor calidad, desde que son fundamentalmente ganados jóvenes engordados en sistemas intensivos, como lo demuestran los altos rendimientos referidos.
En julio y agosto, los novillos de dentición incompleta faenados promedian el 77 % del total; y las vaquillonas y vacas 6 dientes rondan el 28 % del total de la categoría "vacas"; estos porcentajes superan largamente el promedio anual, y por supuesto se distancian enormemente de los registros históricos.
De todos modos, falta mucho camino para recorrer: todavía en este año, las variaciones de oferta y de precio siguen siendo importantes.
En mayo, cuando se alcanzó el pico de la oferta, se faenaron 279 mil reses, y en agosto seguramente rondarán las 160 mil, lo que equivale a una baja del 43% entre los meses que marcan los extremos.
Los precios, inversamente, pegaron un salto alto; el kilo de novillo gordo en pie pasó de U$S 0,906 en mayo a U$S 1,094 en la primera semana de agosto, lo que equivale a un 20% de suba. Las vacas subieron aun más: de U$S 0,752 a 0,929.