BEIRUT | THE ECONOMIST
El canal Al Jazeera, visto por millones de árabes, le llama la "Sexta Guerra", después de los conflictos árabe-israelíes de 1948, 1956, 1967, 1973 y la invasión israelí a Líbano en 1982. En el terreno, aún parece más pequeña que esos conflictos. Coloca a Israel, el protagonista eterno, no contra muchos países con grandes ejércitos, sino contra una fuerza única que, a pesar de estar entrenada, motivada y armada con cohetes, sólo cuenta con unos pocos miles de hombres.
Pero esta guerra ha generado una capacidad de cambio que es, por lo menos, tan grande como las otras. Eso no se debe a que la lucha haya llegado a las propias ciudades israelíes, o porque la cifra de civiles muertos en Líbano sea tan alta o porque, a las tres semanas, se haya convertido en la guerra árabe-israelí más larga desde la primera.
Cada vez más, el conflicto se ha convertido para ambos bandos en una cuestión de supervivencia. Para Hezbollah, la meta no es solo golpear a su rival, sino desbaratar la presunta intención maligna del más fiel de los promotores de Israel, Estados Unidos, de dominar la región.
Esa noción de una dimensión mayor se afincó en toda la región. Para muchos es una guerra con testaferros entre el principal financiador de Hezbollah, Irán, y Estados Unidos. Pero también anunció el resurgimiento de un amplio frente de rechazo a Israel, esta vez inspirada en un sentimiento panislámico, diferente al nacionalismo panárabe de las décadas de 1960 y 1970.
A medida que corre la sangre el odio se hace más grande. Esta semana, después de la masacre de Caná, alcanzó nuevos niveles. Pero Israel no es el único blanco de la furia. "Que Dios inflija a los hijos de Jordania, Egipto y Arabia Saudita, lo que El infligió a los hijos de Líbano", decía el cartel de un manifestante en Beirut acusando a los principales aliados árabes de Estados Unidos como cómplices, por inacción o silencio, del crimen israelí.
"La gente ve a Hassan Nasrallah como el líder que estuvieron esperando por 50 años", dice Marwan Kabalan, un académico sirio refiriéndose al líder de Hezbollah.
Nasrallah expresó con claridad que ha capturado soldados israelíes para canjearlos por "prisioneros árabes", y no sólo libaneses, en las cárceles del Estado hebreo.
Nasrallah, a quien ya empiezan a comparar con el líder egipcio Gamal Nasser, no ha olvidado señalar que su segundo objetivo era "aliviar" la presión sobre los "hermanos palestinos" en Gaza, blanco de bombardeos israelíes diarios que han dejado cerca de un centenar de muertos desde el secuestro hace 20 días del soldado israelí Guilad Shalit.
Al Jazeera no deja de mostrar imágenes de niños y mujeres muertos y de viviendas destruidas en bombardeos israelíes en Gaza y Líbano, recordando siempre que "todo ello fue por la captura de tres soldados".
Frases como "la resistencia es el mejor medio" o "Que Alá ayude a los combatientes" se mezclan con las críticas a EEUU y a los gobiernos árabes en las opiniones de numerosos ciudadanos consultados por esas emisoras en países como Sudán, Egipto o Jordania, estos dos últimos firmantes de una paz con Israel, en 1979 y 1994, respectivamente.
Y así cualquier acuerdo sólo será temporal.
Antecedente
Nasrallah es comparado con el egipcio Gamal Nasser, tal es su estatura de héroe popular