Un alerta defensivo que gana la isla

LA HABANA Reservistas, oficiales retirados y ex suboficiales reciben órdenes de presentarse en los cuarteles casi diariamente desde que se enfermó Fidel Castro. Un carnaval en el malecón donde grandes disturbios provocaron un éxodo masivo hace 12 años ha sido postergado.

La defensa nacional es una presencia constante en la prensa estatal desde que Castro anunció que entregaba provisoriamente el poder a su hermano Raúl.

"Los medios de combate están listos para defendernos", dice un titular de primera plana en el diario del Partido Comunista. La nota es sobre los trabajadores de una fábrica de armas que desean a Fidel un rápido restablecimiento y juran lealtad a los dos hermanos.

Todo esto parece responder a un doble objetivo: impedir que los cubanos se peleen entre ellos, y defender a Cuba del "imperialismo yanqui".

Aunque la Casa Blanca califica de "absurda`` la idea de un ataque a la isla, en estos días se ha pedido a los cubanos que juren luchar hasta "la última gota de sangre" en defensa de la revolución cubana.

Tribunas y kioskos de comida fueron desarmados recientemente frente al Hotel Deauville, donde manifestantes con piedras y palos rompieron ventanas el 5 de agosto de 1994, en una muestra inusual de malestar político, en plena crisis de los balseros.

En el Malecón donde se produjeron esos disturbios, aparentemente se intentaba no hacer alarde de las medidas de defensa.

Muchos de los policías uniformados que patrullaban el malecón fueron reemplazados por hombres de civil con mochilas, apostados a metros unos de otros. No era claro si eran agentes clandestinos o milicianos civiles.

A pesar del aparente intento de no hacer un alarde de fuerza, hay un aumento perceptible de los agentes con el uniforme azul oscuro de la Policía Nacional Revolucionaria en los barrios.

Además, una gran cantidad de reservistas desarmados en flamantes uniformes verde oliva -algunos con calzado deportivo blanco en lugar de borceguíes negros- aparecen recorriendo las estrechas calles adoquinadas de La Habana Vieja, el barrio turístico. Una tensa calma. AP

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