Viernes | 04.08.2006
Montevideo, Uruguay | 05:09
  - Internacional
HISTORIA | La vida de los civiles israelíes amenazados por Hezbollah
Una maestra bajo fuego en Afula, una ciudad asediada

IORAN MELCER | CORRESPONSAL | EL PAIS EN MEDIO ORIENTE

La pequeña ciudad de Afula es un lugar tranquilo. Afula tiene fama de aburrida y letárgica. Está situada entre la costa y el norte del país, en la carretera 65, conocida como "la regla" por ser perfectamente recta. En el folklore israelí Afula es "el agujero de la regla". Desde el comienzo de las hostilidades entre Israel y Hezbollah, el chiste se convirtió en realidad, ya que Afula es uno de los blancos de los misiles que caen de Líbano como lluvia. La ciudad, situada a unos 40 kms de Líbano, es hoy la que recibe los modelos más avanzados de misiles del arsenal de Hassan Nasrallah. Misiles de 302 mm, fabricados en Siria, cayeron en la pacífica ciudad.

La profesora de literatura Orli Shmueli, quien ha residido en Afula durante casi todos sus 40 años de edad, no se imaginaba que así serían sus vacaciones de verano. Shmueli, jefa del departamento de los profesores de literatura de la escuela secundaria local de la red ORT, había terminado el año escolar a finales de junio, como siempre. Como acostumbra en verano, para ganar un poco más de dinero, aceptó la tarea de revisar cientos de exámenes de bachillerato de literatura de todo el país, lo que la obliga a viajar diariamente al centro de procesamiento de exámenes en Tel Aviv, a 100 kms de su casa.

Los alumnos dieron el examen a fines de junio. Dos semanas más tarde empezaba la corrección simultánea de decenas de miles de exámenes. Entonces, Hezbollah secuestró dos soldados israelíes en la frontera libanesa.

Orli empezó a viajar a Tel Aviv mientras las katyushas caían por la Galilea. Llegaron a caer a 10 y 15 kms de Afula, pero la vida siguió. Las tensiones no son ninguna novedad para Afula, sitio del primer atentado suicida durante la Intifada palestina.

Al principio, la guerra en el norte podía parecer casi lejana. Pero pocos días después de haber comenzado la ofensiva de Hezbollah, Afula se sumó a la nueva realidad del país, con los primeros misiles cayendo en la ciudad y en sus extensos campos.

Como todos los habitantes de su ciudad, Orli obedeció las directivas de las autoridades. Más que todo: al sonar la alarma antiaérea, hay que entrar inmediatamente a un refugio o a un espacio protegido dentro de la casa. Los edificios públicos en Israel se construyen con refugios de hormigón y acero en el sótano. Los edificios de apartamentos construidos hasta hace una generación también los tienen. Pero las casas de un sólo piso o los apartamentos nuevos tienen otro sistema: una de las habitaciones en cada apartamento es el "espacio protegido", construida con paredes fortificadas, gruesas y llenas de acero, con no más de una ventana de acero que se puede cerrar herméticamente. Es el resultado de la guerra del Golfo, cuando parecía que Saddam Hussein podría lanzar misiles con armas químicas o biológicas y se pensaba en crear un espacio cerrado con aire filtrado y paredes protectoras.

Pero la pequeña casa de Orli Shmueli no tiene ni refugio, ni "espacio protegido". Es una vieja estructura de un piso, una extensión improvisada de una casa standard de los años 50 construida durante las grandes olas de inmigración al joven estado judío. Así, tuvo que refugiarse en el cuarto menos expuesto de su casa, el que da a lo de sus vecinos. Casi todos los días, suena la sirena espeluznante en la ciudad.

Orli siguió viajando a Tel Aviv hasta que completó su tarea, a finales de julio. El año escolar empieza el 1º de setiembre y Orli se tiene que preparar. "No puedo leer más que unos minutos", dice. "Entre sirenas y las noticias, es imposible". Se oye otra alarma. Un minuto después, explosiones. "Las paredes están temblando", dice la profesora. Orli sintió la caída de uno o dos misiles de 302 mm, con unos 80 kilos de explosivos. En su pequeño refugio, donde trata de preparar las clases, tiene una televisión así como su PC. Poco después de las explosiones, ya muestran el cráter muy cerca de su casa. "¿Porqué no te vas a Tel Aviv o Jerusalén?", le pregunto, chateando durante el ataque. "Me da un no sé qué", contesta. "Mis padres y mis hermanos siguen acá. Tienen que trabajar, ganarse la vida. No los puedo dejar y tomarme vacaciones mientras caen misiles en Afula".

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