Viernes | 04.08.2006
Montevideo, Uruguay | 05:33
  - Espectáculos
Antonio Gasalla / aCTOR Y HUMORISTA
"La fama es como un fantasma"
A partir de hoy el reconocido comediante se presenta en El Galpón con un espectáculo que llega por primera vez a Montevideo. "Gasalla sólo clásicos" fue el disparador de un encuentro donde habló de sus 47 años de carrera, hasta anticipar el show para Punta del Este 2007.

CARLOS REYES

Con libreto de Antonio Gasalla y el uruguayo Fernando Schmidt, Gasalla sólo clásicos, el último espectáculo del gran humorista argentino, éxito este verano en Punta del Este, llega hoy al Teatro El Galpón. Con la participación de la actriz uruguaya Laura Sánchez y del actor argentino Sebastián Borrás, el show va también mañana a las 21 hs. y el domingo a las 18 hs., con localidades entre $ 450 y $ 350.

-En el show hay un largo monólogo y varios personajes. ¿Cómo maneja cada registro?

-Bueno, el monólogo es una cosa directa, cara a cara con la gente, pese a que en el escenario uno no es nunca necesariamente uno. Los personajes tienen una cosa más teatral, cosa que es más difícil, porque aunque estés monologando con el público, hay que sostener el personaje como si fuera una obra de teatro. Eso es más difícil, por ejemplo, en personajes como el de Soledad, que es muy tímida, porque cuando entra en diálogo con el público tiene que cuidar de no mezclar lo de uno con lo que dice el personaje.

-¿Cómo es trabajar con Laura Sánchez?

-La verdad es que yo no la conocía hasta este verano, y nos conocimos, ensayamos y nos enganchamos maravillosamente. Porque yo no hago humor directamente, sino algo más actuado: entonces no quería una mujer que se hiciera la graciosa, que a veces es el problema que tengo con los actores que trabajo, que los tengo que parar un poco. Laura tiene una cuerda cómica, tiene carga dramática, y fundamentalmente, es de una gran tranquilidad para trabajar juntos. Además, esto que yo hago no es como en una obra de teatro, donde vas entrando llevado por el conflicto: aquí hay que entrar y salir muy rápido de los personajes, y ella tiene una cancha bárbara para eso.

-¿Piensan seguir juntos?

-Sí, voy a hacer en el verano que viene de nuevo Punta del Este con ella, con otro espectáculo, que podría ser Sólo clásicos II. Va a tener otros personajes, como La Gorda, que hace siglos que no hago, o La Maestra, y algún sketch que estoy escribiendo. Va a ser nuevo, porque aunque sean personajes que ya hice, va a ser con otras letras.

-¿Alguna vez se le hizo cargoso el peso de su carrera?

-No, porque por suerte uno no tiene el fichero acá adelante todo el tiempo, con todo lo que hiciste en tu vida. Eso sería enfermante. Los años van pasando, y si uno ha piloteado bien ciertas cosas complicadas de la profesión, como la vanidad, lo que queda es vivir el día a día, como en todos los laburos. Hay una cosa que te da esta profesión que es el cariño del público, que te hace creer que sos extraordinario, pero de eso hay que bajar todo el tiempo. El amor de la gente es verdad, pero que vos sos el dios de no sé qué, no es verdad.

-¿Se le subió alguna vez el ego a la cabeza?

-Mirá, yo tengo la suerte de ser de una generación que los comienzos nos han costado mucho. Hoy día, si bien en Argentina la vida está complicada para los actores, alguien debuta y la crítica lo va a ver y le hacen una notita. Antes te pasabas 10 o 15 años siendo N.N., los críticos no iban a los espectáculos alternativos: era un laburo que vos sabías que eras nadie durante mucho tiempo. Eso te daba unos cimientos más fuertes que si el éxito te aparecía de golpe. También yo me psicoanalicé mucho: eso te pone un poquito en otro lugar.

-Además, usted pertenece a una generación muy particular.

-Era una generación atípica. Fijate que se dio en todo el mundo: de mi generación son Al Pacino, Liza Minelli, gente que no correspondía a los parámetros del estrellato. Hasta entonces los grandes actores tenían que tener determinada altura y cierta grandiosidad. Pero cuando yo empecé también había una necesidad del público de ver actores actuando de otra forma.

-Tipo café concert.

- Sí, porque vos te podés poner a hacer algo en un sótano, y la gente no ir. Y sin embargo, el público empezó a responder de un modo impresionante. Nosotros empezábamos a hablar con nombre y apellido, que eso en el teatro de revista se hacía medio por lo bajo. Y empezó a pasar la realidad directamente por el escenario.

-¿Siente que el cine argentino lo ha aprovechado poco?

-No sé si es porque me educaron así: yo nunca le echo la culpa a nadie. Hice poco cine, pero hice mucho teatro, que son compartimiento estancos. Los de cine llaman a los que para ellos son de cine: en otro país hubiera hecho más películas.

-¿Le hubiera gustado ser un gran actor trágico?

-No sé. Creo que podría hacer una tragedia, porque tengo la carga y tengo la locura: el tema es que para que te vea alguien y te diga `vení, hacelo`, es muy difícil si vos sos cómico. Ser cómico es una carga que arrastrás. Para mucha gente el humor no está bien visto. La risa siempre fue blasfema. Incluso en Cuba he llegado a escuchar que la risa es capitalista.

-¿Cuándo piensa retirarse?

-Los actores no se retiran, te retira la vejez. Actuar es como una enfermedad, es algo que te tiene agarrado.

De la infancia a la fama

PORCEL. "No ha sido un tipo muy querido y contra eso no se puede. Olmedo era como un pájaro, pero el Gordo era un tipo que siempre tenía conflictos: todo el mundo lo decía."

INFANCIA. "Fui chico en los años `40, y se vivía de otra manera. Yo jugaba en la calle, a la pelota, o arriba de los árboles, o con autitos hechos con pedacitos de madera. Eran juegos con toda la imaginación, a diferencia de los juguetitos de ahora, todos con batería. Pero con eso nos divertíamos de la mañana a la noche, usándonos a nosotros mismos, digamos. Por ahí puede venir de esa idea de juego, de situaciones compartidas, mi capacidad para trabajar con la imaginación".

REVISTA. "Yo llegué a ver la revista tradicional, cuando los capocómicos eran los dueños de la revista, y los padres llevaban a sus hijos de 18 años para que vieran una mujer desnuda. Era otra historia: hoy las mujeres desnudas están por todos lados. Cuando llegué al Maipo, los sábados, en la última fila del gallinero estaban los colimbas, que bramaban. En la primera fila, los tipos que en silencio venían con un diario, un poquito a perturbarse. Se hacían 14 funciones semanales, o sea que vivías dentro del teatro, y el cómico primero mandaba. Si el cómico segundo hacía un chiste, lo llamaban aparte y le decían `momentito`. Y si el chiste era bueno, se lo quedaba el cómico primero. Pero yo hice lo que se me daba la gana: no respeté ningún esquema de revista."

RATING. "No extraño el rating de El palacio de la risa. En realidad no extraño nada: el que extraña es porque se quedó pegado a algo. La profesión de actor no es todo rating. El éxito, cuando hace muchos años que estás en esta profesión, es como un fantasma, que aparece, te seduce y a veces no sabés ni por qué viene. Pero para el actor la satisfacción es conectarse con la gente. Yo veo tanta gente exitosa que yo no me cambiaría ni dos minutos por ella. La gente sabe quién soy: ese es mi capital".

FAMA. "Fue muy fuerte cuando empecé a ser popular. La gente te descubre y se pone inaguantable, y si te dejás llevar en un momento te van a querer apalear".

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GENIO. Gasalla, un eterno innovador: desde el café concert en los ´60 y la revista en los ´70 hasta la televisión y la escena actuales.
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