Verdadero cambio

SEBASTIAN DA SILVA

En los últimos tiempos los uruguayos nos vimos obligados a enfrentar situaciones críticas. De la patética costumbre de fundirnos cada veinte años, en la que mis padres, tíos y abuelos han padecido el verdadero significado de vivir en un país tercermundista, llegamos a este siglo plagado de promesas, esperanzas e injusticia. Los primeros años fueron paradigmáticos, se suscitó la más espantosa crisis que el Uruguay tenga memoria. Nada fue peor que aquellas horas en donde veíamos los saqueos en Argentina mientras rotaban los presidentes en forma semanal, nada más traumático que la corrida bancaria virulenta que hizo trizas la ilusión de ser una plaza financiera. Pocos manuales de economía pueden recoger las vivencias de describir las consecuencias sociales que una fuga de más de la mitad de las reservas puede deparar en una sociedad. Pobreza, desocupación, remates, feriado bancario, son parte de los iconos que nos recuerdan a esta nefasta parte de nuestra historia.

Por aquellas horas en donde todo era caótico, el sistema político quiso apelar a la honrosa tradición nacional de seriedad y responsabilidad para hacer frente a tamaña hecatombe. Se podrá coincidir o no ahora que tenemos el diario del lunes con alguna de las medidas, pero lo que es cierto es que el momento obligaba a ponderar la unión nacional por encima de cualquier partidismo. Varias cumbres co-mo la de esta semana se hicieron en Suárez Chico. Recordemos algunos episodios, un segundo ajuste fiscal para dar un shock de confianza, la reprogramación de los depósitos del BROU para culminar con el feriado bancario y el consenso interno necesario para poder pedirle al mundo diferir los vencimientos de nuestra deuda.

En ninguna de estas instancias el Frente Amplio tuvo la mínima consideración con el momento que vivíamos. Hasta el día de hoy es recordada la benevolencia frentista cuando en simultáneo las jerarquías del Banco Central rogaban que acepten el canje y el hoy Presidente insinuaba un default por Europa.

Estas reflexiones vienen a colación de las imágenes de esta semana. Una cumbre de líderes para tratar un tema serio como es la crisis por la instalación de las plantas de celulosa. Indudablemente se trata de algo delicado, que tangibiliza la posibilidad de empleo para algo menos de cinco mil compatriotas, que hace a la defensa soberana de nuestra autodeterminación nacional en la búsqueda de inversiones frente a la prepotencia extranjera etc. etc. Lo que también es claro que no se asemeja a la envergadura de lo vivido por el 2002. El cambio más visible es que teniendo la legítima opción de cobrar alguna cuentita en el manejo de la crisis, por lo desastrosa de la misma, el sistema político fortalece el frente interno para como debe hacerse se logre una negociación sin flancos débiles.

Nada nos pone más orgullosos. Ver como mi Partido Nacional logra con lo hechos hacer realidad aquello de que en todo momento es mejor anteponer los beneficios nacionales a los partidarios, honrar su sacramento patriótico al reclamar únicamente la más solvente de las actitudes para iniciar un camino de diálogo que conlleve a la mejor solución para los intereses de este gobierno y por tanto del país.

Ojalá que aquellos que con su egoísmo, consagraron el "cuanto peor, mejor", aprendan de este ejemplo.

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