LEONARDO GUZMAN
Mano tendida para cuidar la Naturaleza en torno al Río de los Pájaros. Cuidar, no "monitorear" -calco del inglés técnico que dice menos; a la Naturaleza, dádiva perenne, y no a la "ecología", modesta ciencia de las relaciones entre los seres vivos y el ambiente.
Juntos, los dirigentes de los partidos en torno a un tema de bien público. Los dirigentes y no los "referentes", palabreja descriptiva, sin signo, vector, vibración ni compromiso.
Ese es el Uruguay civilizado, donde los persistentes comunque, malgré tout, trotzdem, in spite of, sumaron impulso al terco "a pesar de" que el heroísmo español nos injertó primero.
El Uruguay de `aquí estoy y aquí me quedo`. El Uruguay donde "en la derrota como en la victoria" luchamos por sentimientos y certezas que valen más que nuestra circunstancia.
Ceñida, demostrativa, la sentencia de la Corte Internacional de Justicia devolvió el tema a la cultura y la lógica construidas en 2.500 años, donde lo universal retórico del Derecho se identifica con lo mejor humano.
¡Vaya si emociona el reencuentro con ese Uruguay de razones sin crispación ni Miss en bikini! ¡Emociona por el Uruguay pero también por el servicio que queremos volver a rendir a la humanidad, plantando entendimiento en un mundo que, de Colombia a Medio Oriente, llora atroces carnicerías en santuarios!
No leamos, pues, la sentencia desde la técnica empobrecida que, rebajando el papel de la persona a mercadeo, reduce el Derecho a herramienta menor.
La pasión, el preciosismo y la racionalidad de las sucesivas modas no deben inducirnos a olvidar que nuestro Derecho es, desde Artigas, intuición, principios, lucha, hombre entero.
Para que "la ignorancia de las leyes" no sirva "de excusa" -art. 2 del Código Civil-, debemos aplicar el sentido común como "el mejor de los textos", según preceptuó Ossorio.
Todo lo cual obliga a purificar los conflictos en idea, para que el mañana se edifique en la creatividad de cabezas respetuosas, cultivadas, y no en cárceles y cementerios.
No pasemos, pues, distraídos frente al clasicismo de la sentencia: el inglés no es sólo idioma de negocios sino de una profunda meditación sobre la persona. Reparemos cuánto gana esa lengua triunfante al haber conservado su tú -"thou"- en la Biblia y en Shakespeare, pero usando a diario el "usted" -"you"- y así elevando la relación personal para suscitar crecimiento, en vez de igualar hacia abajo, por indiferenciación masificante, como hacemos en el Uruguay tuteador de estos años.
Vigente lo soez, puestos en duda los principios y perdiendo modos de tratarnos, desesperaríamos si no hubiera puntales.
Pero el buen decir -que es el bien pensar- se defiende tanto en los admirables 91 años con que, firme y fuerte, Mirtha Cepellini de Olmos, continúa la batalla de la Escuela N. de Declamación Antonelli de Requesens como en los lacerados 10 años de niños limpiavidrios que suelen sorprender por su respeto.
De la sentencia a la planta de celulosa, del papel al poema y del poema a la lucha contra la pobreza, deben corrernos, a la vez, el tuteo confraternal y un recuperado usted, abierto pero exigente.
De lo contrario, tras la caída de la ortografía, la sintaxis y el rigor aritmético, las nuevas generaciones perderán, junto con el usted, un modo alto de encontrarse y andar juntos sin pecharse ni entreverar.