MARIA JULIA POU
Llamó la atención, por su contenido y la forma institucional en que se dio a publicidad, el informe surgido desde la Facultad de Ciencias sobre la futura eventual contaminación de las aguas del Río Uruguay que pudiera generar la actividad de las plantas pasteras. Por supuesto el trabajo realizado no trata específicamente la realidad de las plantas a instalarse en nuestro país -ellas aun no están operativas- y sí es un relevamiento bibliográfico desde el cual se infieren y hacen algunas consideraciones teóricas. En suma, un ejercicio académico más de los muchos que se hacen en la Universidad, de los cuales los hay de mayor y menor importancia, calidad, método científico y trascendencia inter pares de acuerdo a la evaluación, y aceptación o rechazo de la propia comunidad.
Pero si ese informe llamó la atención, mucho más llamativa fue la carta que tomó estado público este fin de semana firmada por destacadas personalidades de esa casa de estudios. Queremos dejar claro que la carta tranquiliza y reconforta, pues la forma en que se hizo la presentación del trabajo mencionado nos extrañó por lo atípico y desproporcionado. Atípico y desproporcionado por hacerlo con prensa en el Salón de Actos de la propia Facultad, cosa de por sí infrecuente y extraordinaria que se reserva para grandes aportes al conocimiento que son reconocidos primero por la academia, nacional e internacional, y luego presentados en sociedad.
A estos dos puntos, el informe en sí y la carta de los académicos, debemos agregarles tres consideraciones más sobre a) la actitud de la propia Facultad, b) el uso político que se hace y c) la necesaria relación de confianza que debe existir entre el conocimiento científico y la sociedad.
Veamos:
Llama la atención que el Consejo de la Facultad no sólo haya avalado el estudio sin haber realizado las evaluaciones obvias sino que lo haya hecho suyo, y para colmo, cuando se pide reconsideración del apoyo otorgado, éste se niega. Lo que se hizo fue negarse a la crítica y abroquelarse en su propia verdad, lo que habla bastante mal del razonamiento crítico y el sentido común. Si éste es el método científico de la Facultad de Ciencias estamos mal y nos irá peor.
Se hace un uso político evidente, del intempestivo informe. Y que no se nos venga a decir que ello fue casualidad, porque lo que sí hubo fue una provocada causalidad al convocar a la prensa.
Entendámonos bien, es buena cosa que la política se apoye en el conocimiento científico, pero está muy mal que se apoye en el sesgo, el oportunismo y las conclusiones concebidas por métodos acríticos. Y a la luz de la reacción de los más prestigiosos académicos con su carta, hubo algo -o mucho- de esto.
Finalmente, resaltamos la necesaria relación de confianza que debe existir entre el conocimiento científico y la sociedad, que es básica para proponer y lograr que la inversión, la promoción y el desarrollo científico tecnológico, se constituyan en los motores del progreso nacional. Los episodios de enfrentamientos de los últimos días en Ciencias van en sentido inverso: promueven la desconfianza y generan dudas sobre su responsabilidad social institucional.
Cuanto antes y mejor se laude este diferendo, más y mejores posibilidades habrá de encaminar el país en la sociedad del conocimiento. No hacerlo rápido será malo para todos.