JORGE SAVIA | EL PAIS EN ALEMANIA
¡Campioni dil mondo! Sí, por cuarta vez en la historia, los italianos son campeones mundiales. Y quizás en esta ocasión es por donde hay que mirar, o empezar a considerar, esta conquista lograda ahora en Alemania. Teniendo en cuenta el flojo comienzo de Francia en la primera fase, de los dos finalistas fue Italia el que hizo más merecimientos, el mejor, a lo largo del campeonato. Pero, además, para los tetracampeones fue su gran revancha con la historia, con el pasado, porque ayer en Berlín los "azzurri" no fueron más que su rival, pero tampoco habían sido menos que Brasil -que entonces era el gran favorito- cuando Baggio erró el penal en la final de EE.UU. 94.
Además, al igual que los franceses, sobre todo en el alargue, que debieron jugar en su totalidad sin sus valores fundamentales (como Vieira, Henry y Zidane), lucharon y dejaron el alma sin entregarse. Si ayer Italia demostró algo, fue, precisamente, clase. Porque la mano empezó mal para los tanos, muy mal, que a los 7` no sólo ya estaban perdiendo con un gol de Zidane tras una jugada en la que Malouda le ganó la espalda a Cannavaro, sino que se habían quedado sin las posibilidades de que Buffon batiera el récord de Zenga, que estuvo 513 minutos sin que le hicieran un gol en los mundiales, y que la selección de Lippi fuera la única en la historia que terminara un Mundial con un sólo gol en su arco.
Sin embargo, con la corriente en contra, con el trajín de Gatusso, la presión de Zambrotta, Cannavaro y Materazzi, y las salidas de Grosso hacia adelante, como también con la ayuda de Francia que -un poco partida en dos, porque jugaba con dos puntas y un enganche, y por pasajes de hasta con tres atacantes- se fue recostando cada vez más contra su área, Italia se sacó el lazo del cuello y, como ocurrió en el gol del empate de Materazzi, ganó de arriba en las pelotas en el área rival en la primera etapa.
Eso era -y es- lo de Italia, al fin y al cabo, que juega con un tronco como Toni en el ataque. Y lo hizo valer, como casi lo vuelve a hacer pesar en el comienzo de la segunda parte, después de que en el cuarto de hora final de la primera Francia volviera a emparejar un poco el trámite.
UNO Y OTRO
La final, entonces, era esa: jugando, pasando por los pies limpios de Zidane y llegando por un inspirado Henry, era más Francia; fogoneando, imponiéndose en el juego alto -como en el cabezazo de Materazzi a los 27` que sacó Thuram en la raya del arco-, era más Italia.