Eje de malitos

RICARDO REILLY SALAVERRI

Haber integrado el últi- mo gobierno nacionalista (1990-1995) amén de otras experiencias, me llevó a conocer los avatares de la comunicación de los negocios públicos a la ciudadanía.

El que está sentado en la nave de gobierno, si se toma las cosas en serio, cree que lo que está haciendo lo está haciendo bien y entonces fácilmente se indigna con la tormenta de los "saca-apuntes" y los portadores de grabadores, cámaras y micrófonos, y los informativistas y ni que hablar de quienes sana o perversamente discrepan con el gobierno de turno, todos dispuestos a decir cosas que molestan a las autoridades.

Sobre el particular recuerdo que se llegó a hacer en aquel entonces una encuesta entre gente que compartía responsabilidades públicas importantes y en relación con lo que primero se sentía como aspecto a corregir de lo que se venía realizando, la conclusión era casi unánime: "hay que mejorar la comunicación".

Personalmente no comparto la línea de gobierno, desde sus orígenes marxistas, internacionalistas y totalitarios hasta su consecuencia natural, la nada en la que estamos inmersos. Y de hecho he dejado una buena parte de mi vida en militancia partidaria y quehacer político, tratando de ver un país distinto, con gente y juventud emprendedoras, con abatimiento sustantivo de la burocracia en empleos, trámites e impuestos; con impulso a las inversiones y, en particular, a la inversión privada, con crecimiento pujante y vocación exportadora de bienes y servicios, y con respeto del derecho humano de la ciudadanía a la seguridad hoy ultrajado por la delincuencia y una conducción ministerial inoperante.

No obstante, lo anterior queremos creer en la actual administración nacional y opinamos co-mo lo que uno es, un ciudadano más de los que andan y arden por las calles, convencido incluso de que hay algunas líneas de acción que merecen respaldarse y aplaudirse. Como pasa con la prolijidad en el manejo de las relaciones financieras de nuestro país con el mundo, las plantas de celulosa, el desarrollo de la forestación, la negociación de un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, y algunas pocas cosas más. Todo lo demás, partiendo del caos de las relaciones laborales, la multiplicación de los cargos de confianza, el incremento del gasto público, el ataque despiadado a la clase media vía reforma tributaria, y un tropel de cosas más, confieso me provocan desde un tibio desacuerdo hasta una decidida oposición.

Ahora, la oposición más dura que tiene el gobierno por cierto que está en el gobierno mismo. Basta recorrer la ciudad para ver que los comunistas que están en la pradera de la burocracia oficialista, han llenado los muros de la capital y de la república, diciendo cualquier cosa contra la orientación de la administración Váz-quez. Idem los tupamaros, que tienen su propio programa gubernamental delirante para poner más impuestos, condonar deudas con el Estado y hacer patria con discursos tan espontáneos como malhablados. Y, ¿ qué decir de los socialistas, con un canciller que ignora dónde está parado y que -con su compinche "verde-amarelo" Celso Amorím- desea retornarnos a un pasado cisplatino, ahora solidario y participativo?

Sí. La conclusión es una sola, comparados con el Eje del Mal que hay dentro del gobierno nacional, la verdad es que los que opinamos de afuera, somos apenas un eje de malitos.

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