Joseph Coleman, AP
Los misiles de prueba lanzados por Corea del Norte no causaron daño y resultaron un aparente fracaso militar, pero alcanzaron un importante objetivo de Pyongyang: captar la atención mundial.
El carácter público que dio Norcorea a los preparativos de los lanzamientos y el momento en que los hizo -el Día de la Independencia de EE.UU.-indicaron que el aislado régimen estaba ansioso de ser el foco de la diplomacia mundial y de la atención de Washington después de observar durante meses a Irán en el centro del escenario por su programa nuclear.
La evaluación de las motivaciones de Norcorea siempre es riesgosa, pero el consenso es que el aislado régimen anhela llevar a Washington a negociaciones bilaterales y plantear una amenaza es una buena forma de lograrlo.
Después de todo, Pyong-yang estremeció al mundo al disparar un misil de largo alcance sobre el norte de Japón en 1998. Pero apenas dos años antes, el líder norcoreano Kim Jong Il estaba regodeándose con una visita de la secretaria estadounidense de Estado, Madeleine Albright.
Sin embargo, los tiempos han cambiado. Estados Unidos ha desechado una sugerencia de Corea del Norte para que ambos tuvieran conversaciones directas, y funcionarios estadounidenses han instado en cambio a Pyongyang para que se sume a la negociación de seis países sobre la cuestión nuclear.
El régimen norcoreano ha enfrentado la hambruna, las privaciones económicas y el aislamiento diplomático con la noción de que China, su principal aliado, podría bloquear enérgicas presiones internacionales contra Pyongyang.
Para muchos analistas, sacar a Corea del Norte del aislamiento es la única opción para hacerla menos impredecible.