Todo será color azul

Eduardo "Lalo" Fernandez

El de Italia y Alemania fue un clásico europeo jugado a muerte. Se trata de dos equipos que se conocen de memoria. Estaba escrito que los alemanes, por ser los locales, corrían con el "caballo del comisario", pero sus limitaciones fueron demasiadas. De la aplanadora que resultó el equipo en el partido contra Suecia no quedó nada y los defectos de defensa, aún corrigiendo algunos (los más gruesos) siguieron siendo notorios, tanto que tuvo que resignar gran parte de su ataque para defender con cierto tino. Pero el que al fin atinó fue Grosso (y lo remató Del Piero) para dejar a los dueños de casa más fríos que la cerveza, cuyo consumo, aquí, se mide en hectolitros por minuto. Italia, ya fue dicho, es un fútbol de raza y hay que respetarlo. Se puede decir que está a un paso del campeonato, aunque en verdad falta saber qué puede pasar en la final contra el gallo francés, que anda bien entonado, de cresta enhiesta. Va a ser otro clásico europeo, esta vez entre dos camisetas azules (aunque uno tendrá que cambiarla). La "azurra" (no la bleu) se la juega a que va a ganar, pero no le va a ser fácil: "le jour de gloire peut arriver". Sí, bien que puede llegar.

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