Investigan familiares y buscan sicarios por crimen de Soriano

| Media hermana del fallecido fue detenida y luego liberada; balística analiza proyectiles. Juez indaga en el trabajo de la hija

2006-07-06 00:00:00 200x122
El País

ENVIADO A MERCEDES | EDUARDO BARRENECHE

Mil personas fueron anoche en Mercedes, en un horario inusual, al entierro de las tres víctimas del crimen del martes: Luis Eduardo Gutiérrez, su esposa Gladis Aguirre y la hija de ambos Marisel Gutiérrez.

La plana mayor de la Intendencia concurrió al sepelio. El obispo Carlos María Collazzi despidió a la familia asesinada y la madre de Gutiérrez, Lola Delfante, pidió justicia: "ya los bandidos la van a pagar".

Días antes de ser ultimado, Luis Eduardo Gutiérrez (52) adquirió un urnario en el Cementerio de Mercedes. "Lo compré por si alguno de nosotros se muere", explicó a su madre.

Gutiérrez no tuvo tiempo de mostrar a doña Lola la ubicación del urnario en la necrópolis mercedaria. En la tarde del lunes 3, el funcionario comunal, su esposa, Gladis Aguirre (53) y su hija Marisel Gutiérrez (27) fueron ejecutados con disparos en la nuca, en un hecho inédito en la historia criminal de Mercedes.

Los tres disparos fueron de una pistola calibre 765: la misma arma se usó en las tres ejecuciones de acuerdo a las pericias balísticas, dijo a El País el jefe de Policía de Soriano, Julio Martínez Perdomo. Agregó que los asesinos tomaron un juego de llaves que poseía Gutiérrez y luego ingresaron a la casa para ultimar a las dos mujeres. Los investigadores encontraron hebras de hierro que produce el torno en el piso de la casa de los Gutiérrez.

"Las hipótesis que manejamos es que el triple crimen fue realizado por sicarios o por personas conocidas", dijo.

En la mañana de ayer, los detectives mercedarios detuvieron a una media hermana de Gutiérrez radicada en la ciudad de Nueva Palmira. Meses antes, ella habría viajado a Mercedes y reclamado a Gutiérrez parte de sus bienes. La mujer fue interrogada y liberada horas después, pero fuentes policiales indicaron que continuará bajo investigación.

Según fuentes policiales, Gutiérrez luchó con sus agresores, ya que tenía heridas y fricciones en sus brazos. Recibió el disparo en la nuca cuando cayó de rodillas.

Uno de los elementos claves en la investigación es una esquela que un policía encontró en el dormitorio principal, al costado de los cuerpos de Gladis y Marisel: "Vistes que podimos, chau culos negros".

Los investigadores creen que ese papel fue escrito por los asesinos profesionales antes de partir de la vivienda. Sostienen además que el triple homicidio habría sido efectuado por más de una persona.

Una hipótesis que estudia la Policía es que la intención de los criminales era matar a Gladis y su hija y dejar la esquela para cuando Luis Eduardo regresara a su hogar. La aparición del hombre en el taller antes de lo esperado, habría hecho cambiar la estrategia de los matadores, según el diario "Crónicas" de Mercedes.

Doña Lola coincidió con el jefe de Policía al señalar que los homicidas eran personas cercanas a la familia, ya que conocían la distribución de la vivienda.

"Los asesinos encontraron a Gladis durmiendo en el dormitorio principal. Mientras, Marisel estudiaba unos expedientes judiciales en un pequeño estudio que había en el fondo", dijo.

La anciana explicó que su nieta, quien trabajaba en un estudio de la Ciudad Vieja, había llegado de Montevideo con "un fajo grueso de expedientes". La oficina pertenece a un docente de la Facultad de Derecho de Salto.

El juez penal subrogante, Fernando Moreno, dijo a El País que esa es una línea de investigación que sigue la Policía. Es posible que los asesinos tuvieran vinculación con trámites judiciales que llevaba adelante Marisel en el estudio jurídico.

shock. Tras ser internada durante unas horas por el shock provocado por la muerte de la familia de su hijo, doña Lola regresó en la mañana de ayer a su domicilio en Herrero y Espinosa esquina Detomasi. Su casa está pegada a la de los Gutiérrez. Una puerta contigua las separa.

Con lágrimas en los ojos, doña Lola relató a El País y a vecinos la pesadilla que vivió esa tarde de pavor y angustia. Golpeaba la puerta contigua de sus familiares y nadie atendía. Desde su ventana, observaba enfrente el taller abierto de su hijo: una clara situación anómala. Al no tener teléfono para llamar a la Policía, optó por no salir de su casa y esperar que arribara alguno de lo suyos.

"Desde mi ventana, yo le grité varias horas a mi hijo que su padre nunca había dejado abierta la puerta del taller. Yo no sabía que el pobrecito estaba muerto y tapado con un encerado", detrás de un torno, dijo.

A las 14.30 horas de ese lunes cargado de muerte, doña Lola escuchó el ruido de un auto que se detuvo frente a la casa de su hijo. Luego el sonido de unos tacos sacudió la vereda. Doña Lola salió a la ventana y lo único que vio fue un coche color verde claro.

En una primera instancia, dijo a El País, pensó que se trataba de alguien que había traído a Marisel, su nieta de 27 años. No le dio demasiada importancia al asunto.

A las 17 horas, hizo tortas fritas y fue ofrecerlas a sus parientes. Golpeó la puerta contigua y nadie abrió. "A partir de ese momento, comencé a asustarme. Cada rato iba a hasta la ventana de mi casita y veía que mi hijo tenía abierto el taller. Eso me generaba una mayor preocupación. Él era muy ordenado", contó.

Doña Lola expresó que llegó la noche y le extrañó que ningún familiar le abriera la puerta contigua. Lo único que atinó a pensar fue que su hijo, su nuera Gladis y su nieta Marisel se habían trasladado a buscar leña al chalet que poseían en el balneario Los Arrayanes.

Al caer la noche de ese lunes, Doña Lola se extrañó que no veía luz en la casa de su hijo. Con el pasar de los minutos, el miedo se apoderó de la anciana.

"Ya cerca de las 12 de la noche, sentí ladrar a mi perrita. Entonces agarré un palo y esperé. Pasé muy mal esa noche", explicó.

DANTESCO. Luis Eduardo Gutiérrez y Gladis Aguirre trabajaban en el Departamento de Higiene de la Intendencia de Soriano. Gutiérrez oficiaba como inspector de bromatología y su esposa era ayudante de odontólogo. Nunca llegaban tarde.

A las 6 de la mañana del martes 4, el atraso del matrimonio extrañó a sus compañeros de trabajo. Mario A. y Cecilia L. fueron al hogar de los Gutiérrez. Mario golpeó. Doña Lola escuchó y abrió la puerta de su casa. Por fin llegaba un amigo. Dijo a Mario que desde la tarde anterior no sabía nada de su hijo y su familia.

El trabajador municipal rompió un vidrio del dormitorio principal y corrió una cortina. Vio los cuerpos de Gladis Aguirre y de su hija Marisel sobre la cama.

"Es horrible. Son ellas. Fueron atadas", dijo Mario A. a Doña Lola.

"¿Están vivas?, preguntó la anciana.

"No, muertas", respondió el funcionario municipal, según el testimonio de doña Lola.

"¿Y mi hijo, está ahí?"

"A él no lo veo. Pero retírese. Es demasiado horrendo", dijo Mario A. Llamó a su jefe del Departamento de Higiene, el medico Ovidio O. Minutos más tarde, el profesional ingresó a la casa de Doña Lola y forzó la puerta contigua.

Al borde de las lágrimas, la anciana dio un paso para dirigirse hacia la casa de su hijo. El médico la detuvo. "Es mejor que usted no vea esto. Puede hacerle daño", dijo el médico, quién compartió una amistad de más de 20 años con la familia ultimada.

Poco después llegó al lugar un patrullero. Uno de los agentes se dirigió hacia el taller y encontró el cuerpo de Luis Eduardo Gutiérrez tapado con una lona. (Producción: Humberto Ramírez)

Asumió subjefe

El mismo día del triple homicidio en Mercedes, en un acto interno en la Jefatura de Soriano, asumió el nuevo subjefe de Policía, el comisario inspector Harry Marshall Buela. Hasta ese momento, Buela se había desempeñado en la coordinación ejecutiva de la Jefatura de Montevideo. El jerarca sustituyó al comisario inspector Liris Manzanares, quien quedó a la espera de su nueva designación por parte del Ministerio del Interior que lo llevará a otro departamento del país.

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