HERNAN SORHUET GELOS
Si algo nos ha dejado de enseñanzas el siglo XX, es la importancia que tiene el uso racional y sustentable del ambiente, para asegurarle un mejor futuro a la sociedad.
Debe ser racional, porque existen intereses y puntos de vista diversos, muchas veces en pugna; y sustentable, debido a que si no respetamos la dinámica de los ecosistemas y los ciclos de renovación de los recursos naturales, la satisfacción de las necesidades presentes provocará la miseria y degradación del futuro.
Pero no es tan frecuente como debería, la aplicación de estos principios básicos en la gestión de los países. Son cambios mentales y estructurales que llevan su tiempo, pero no por eso debemos aceptar cruzados de brazos que se impulsen proyectos reñidos con la conservación y el ordenamiento territorial.
Para tener una idea de lo que decimos detengámonos un momento en analizar el estado actual del concepto "conservación" en la opinión pública. A pesar de todo lo que se ha dicho en las últimas décadas, sorprende la supervivencia de la idea de que conservación es igual a preservación. En especial muchos tomadores de decisión, no han podido incorporar la idea del uso sustentable de los ecosistemas como piedra angular del desarrollo.
Ello se refleja en planteamientos, opiniones, propuestas, que le dan prioridad a enfoques tradicionales sobre los demás, sin plantearse siquiera la conveniencia de los resultados finales. Desde luego, los estudios de impacto ambiental -obligatorios para casi todos los proyectos que se pretendan realizar-, son una garantía de que se analizarán las propuestas desde varios ángulos.
Hace unos días, el subsecretario de Industria y Energía, hablando con colegas de El Telégrafo de Paysandú del problema energético que vive el país, destacó el potencial del río Queguay para la construcción de minirrepresas a lo largo de su recorrido.
Para el que no conoce, este formidable curso de agua que recorre a lo largo el departamento sanducero, conserva características sobresalientes en materia de diversidad biológica. En la confluencia del Queguay Grande y el Queguay Chico, nuestro país conserva la expresión de monte nativo más importante en tamaño y calidad. La calidad de sus aguas, la conservación natural, la belleza paisajística, el sinuoso recorrido de sus aguas lo ha transformado en un polo de atracción turística para el canotaje, que ha transpuesto fronteras. Sitios como éstos son los que le plantean a nuestro país un panorama muy auspicioso. Cuando nos tomemos en serio el slogan de "País Natural" seguramente nuestras posibilidades de desarrollo crecerán en forma exponencial, elevando la calidad de vida de los uruguayos.
El desarrollo más conveniente para nuestro país pasa por lograr el mejor uso posible de los recursos naturales que poseemos. Ese desafío requiere de imaginación, amplitud de criterio, y una visión amplia. No puede ser que autoridades nacionales o municipales manejen la posibilidad de autorizar o llevar a cabo emprendimientos que atenten directamente contra recursos patrimoniales de primer nivel.
Represar el Queguay sería tan negativo para los genuinos intereses de nuestra sociedad, como autorizar un emprendimiento minero en la Quebrada de los Cuervos o drenar los esteros de Farrapos con el fin de "recuperar" tierras.
La falta de una conciencia de un buen ordenamiento territorial posibilita que ocurran estos problemas.
"Hasta que no tomemos conciencia del valor patrimonial que tiene la biodiversidad nacional, seguiremos propensos a cometer errores irreparables."