El presidente de EEUU, George W. Bush, admitió ayer que la cárcel en la base de Guantánamo ha perjudicado la imagen de su país y desea cerrarla, pero para ello necesita un plan sobre qué hacer con los presos "peligrosos" allí recluidos.
El pasado sábado la presión internacional para clausurar esa cárcel se aceleró al conocerse que dos saudíes y un yemení fueron hallados muertos en sus celdas tras colgarse con sábanas y ropa.
Tras esos suicidios, cinco expertos de las Naciones Unidas que siguen de cerca el campamento para la ONU renovaron su petición de que se clausure.
En la actualidad hay 460 extranjeros retenidos en la base en calidad de "combatientes enemigos", pero sólo 10 de ellos han sido acusados formalmente desde la apertura de la cárcel en el 2002.
El gobierno estadounidense no reconoce que sean prisioneros de guerra ni que tengan derecho al amparo de las convenciones de Ginebra.
Al problema que en el exterior supone para EEUU la base de Guantánamo, debido a supuestas violaciones de derechos humanos, se suma el de las acusaciones contra las presuntos ataques de los marines estadounidenses contra civiles iraquíes.
Entre estas denuncias, el Pentágono desarrolla una investigación sobre lo ocurrido en Haditha, Irak, el pasado noviembre, cuando murieron 24 civiles. efe