Declarante canino

Rebar

El próximo lunes, es el Día del Padre de la Patria; y, también, porque así lo impusieron los inventores de las fechas promocionales, es el Día del Abuelo. Aquí, entre nosotros, el "nieterío" ya tiene pronto el regalo para alegrar al "nono", o saldrá a buscarlo en el fin de semana.

Ignoro si en el calendario estadounidense existe una jornada con esa misma particularidad: pero, si existiera, seguramente sería pasado por alto por un par de nietos en el estado de Florida. Resulta que un matrimonio de... (¿qué serán?... sexagenarios, quizá... o tal vez septuagenarios) compartía cierta armonía familiar con un hijo casado, su esposa y dos niños de la pareja. Algo así como un Sexteto Tango, sin grandes desafinaciones.

Pero, como la vida suele no distribuir equitativamente las bolsas de cal y las de arena, llegó un momento en que las amarguras sumaban más que las dulzuras. El hijo de los "vejetes" fue detenido por abuso sexual, y se cortó la tranquilidad hogareña. El episodio fue denunciado ante la Justicia, y era evidente que todos aquellos que tuvieran conexión con el acusado serían citados a declarar.

A los abuelos los atacó un temor: si ello ocurría, el hijo las pasaría muy mal. Decidieron, entonces, contratar a dos matones para que asesinaran a la nuera, los dos niños...¡y el perro!... (así lo leí en QUE PASA del último sábado). Con tal procedimiento, eliminaban la posibilidad de que todos ellos testificaran en contra del detenido. (Ese todos ellos subrayado incluye al perro).

La atrocidad que pretendían llevar a cabo, no tiene explicación: pero, lo que tampoco se puede explicar es por qué mandaban matar al perro... ¿Para que no hablara?... Perdón, ¿para qué no hablara?... Porque, convengan conmigo: ¿es creíble que un can -por más milagroso que fuere-pueda presentarse en una instancia judicial para ser interrogado por un juez?... Difícil, ¿verdad?... Y es menos admisible, todavía, suponer que pudiere acusar a alguien de acoso sexual... justo él, que corre a todas las perras del barrio con fines no confesados pero notorios.

Por otra parte, no es justo echar sombras acerca de la fidelidad del perro para con su amo, ni dudar de que es el mejor amigo del hombre, después del que le presta plata.

Como hoy día de nada hay que extrañarse, de repente cabe la probabilidad -lejana o cercana- de que un perro sea llamado a declarar en impensadas circunstancias. Podría hacerlo ladrando o estampando sus huellas patunas. "Total -reflexionaría el magistrado- no sería la primera vez que alguien viniera a declarar aquí, y metiera la pata".

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