CRITICA/FERNANDO MANFREDI
Hay dos cosas que quedan reflejadas en el espectáculo que presentó el fin de semana pasado en el Teatro Solís el Ballet del Sodre. Primera, el público uruguayo es muy aficionado a la danza y segunda, además tiene un instinto natural para detectar un buen espectáculo. Y eso fue claro: un Solís repleto y un resultado artístico muy plausible lo confirmaron.
Es que la velada no pudo ser más auspiciosa para un Cuerpo de Baile del Sodre que demostró entusiasmo y solvencia para encarar trabajos de gran exigencia pero también de gran creatividad.
A ello se suma un rigor profesional destacable que se manifestó desde la puesta en escena a un parejo desempeño de todo el grupo, con algunos destaques que hacen lamentar las pocas oportunidades que estos bailarines tienen para manifestar su talento.
La velada se abrió con Angeles (Estreno Mundial), obra dedicada al Ballet del Sodre con música de Francis Poulenc y coreografía de Paul Vasterling. Se trata de un ejercicio sobrio, bien diseñado pero que sólo alcanza en momentos puntuales el objetivo que su creador se propusiera. En una sucesión de duettos, tríos y figuras de conjunto, los seres alados y etéreos resultaron más carnales que intangibles. Ello no invalida la propuesta pero la torna más errática a la hora de evaluar su esencia poética.
Por encima del apunte, el Cuerpo de Baile se desempeñó en gran forma en una propuesta que preludió aceptablemente un trabajo que a la postre resultaría en muchos sentidos brillante.
Duetto con música de Sergei Rachmaninoff y coreografía de Mario Galizzi fue el delicioso segundo número de la noche. Una pieza de corte clásico, jugada con clase por Marina Sánchez e Ismael Arias, en la que el bellísimo vestuario de Roberto Piazza fue un protagonista más.
El final de la primera parte fue con el Pas d` esclave con música de Riccardo Drigo y coreografía de Marius Petipá. Lució en muy alto nivel Leonardo Reale primer bailarín del teatro Colón que tuvo su contracara en una María Noel Bonino que dotó a su papel de la princesa de la apostura y convicción necesarias.
Pero la segunda parte fue la culminación de una fiesta cuyos anticipos no hicieron otra cosa que confirmar la calidad de lo que se venía, que era nada más y nada menos que Sueño de una noche de Verano, el ballet que con música de Félix Mendelsshon Bartholdi creara Oscar Araiz para el Teatro Colón de Buenos Aires y que fuera estrenado el 18 de Octubre de 1979.
Se trata de una obra mayor que retrata con gracia y brillantez un sueño del amor, que opera en dos planos, el visible y el supuestamente invisible para los protagonistas , que no para el público, detrás del que se ocultan sentimientos oscuros y seductoras fuerzas nocturnas.
Eso surge claramente al oponerse las situaciones entre la pareja Teseo-Hipólita, que celebran sus bodas en el mundo real, y la de Oberón-Titania, los señores de la noche, en medio de pasiones, las intrigas y encantamientos. Esa antinomia entre sueño y razón son plasmadas magistralmente por Oscar Araiz en uno de los mejores trabajos que de él se han visto en nuestro país.
Inteligente y sagaz, el coreógrafo argentino sabe dominar el numeroso contingente que constituye el elenco de este Sueño de una noche de verano al que imprime la fuerza de una sugestión sobrenatural. A lo largo del trabajo cada número se manifiesta como un elemento imprescindible para delinear un conjunto en el que se mantiene la calidad y una plasticidad que no reconoce puntos bajos.
Independientemente de que todo el Cuerpo de Baile del Sodre rindió en gran forma, es bueno destacar que en su Titania Sofía, Sajac demostró que hoy por hoy está a un nivel inobjetable y es puntal de un grupo que hace esperar grandes logros.
También fue muy disfrutable e imprescindible el trabajo de Cristina Chamorro, Mirza Folco, Mariana Carbajal, Natalia Carrerou y Deborah Oribe como unas hadas muy atareadas y los elfos de Silvana Buchmüller, Rossana Fleitas y Sara Seoane que aportaron gracia y encanto.
El vestuario de: Renata Schussheim le dio jerarquía al espectáculo y justificó el prestigio de esta notable artista. Una vez más Leonardo Reale se destacó con un Puck imperdible.
En suma, un resultado que justificó los prolongados aplausos. Esto demuestran que con recursos limitados pero con inteligencia es posible ofrecer un producto de alto nivel que hace esperar con optimismo y confianza la próxima entrega de la temporada.
Sueño de una noche de verano
Cuerpo de Baile del Sodre
Coreografías de. Paul Vasterling, Mario Galizzi, Marius Petipá y Oscar Araiz
Música de. Poulenc, Rachmaninoff, Drigo y Mendelssohnn
Dirección. Graciela Piedra
Sala. Teatro Solís, sábado 27.