El personaje de Jean no es de los que habitualmente cae en manos de Jennifer Lopez. Tiene una carga dramática bastante más consistente: se trata de una madre que es maltratada por su pareja, que llega al pueblo montañoso donde vive su ex suegro (Redford), pese a saber que el hombre la considera responsable de la muerte de su hijo en un accidente automovilístico.
Para ella "estudiar el comportamiento humano" tiene algo de terapéutico. La actriz confesaba a Clarín que "la gente supone que yo estoy siempre pasándola genial, pero el dinero no borra el dolor". Durante el rodaje de Un amor, dos destinos estaba viviendo una situación muy particular: acababa de comprometerse con Ben Affleck y se había transformado en imán de fotógrafos.
Como el rodaje de la película se hizo en un lugar alejado, a cinco horas de Vancouver, el encuentro con Redford y Freeman se transformó en "un santuario", según ella, "un descanso del juego de policías y ratones" en el que los paparazzi habían convertido su vida.
Ella sostiene además que el director Lasse Hallstrom fue particularmente valiente al jugarse por una latina para semejante papel. Porque Lopez también acusa a Hollywood de discriminar a las latinas, aún cuando se trate -como en su caso- de una figura de primera línea.
"Lo que cuenta es si disfrutaste de la experiencia, si diste todo de vos. La taquilla y las buenas críticas están muy bien, pero son sólo la frutilla del postre", declaró a Clarín.