Los pronósticos económicos

JUAN EDUARDO AZZINI

Decía Prebisch que la ciencia económica es muy precaria para hacer pronósticos, porque intervienen seres humanos con sus comportamientos, costumbres, modas, expectativas y caprichos.

En realidad, las mediciones sí, han avanzado mucho, pero hay un enorme campo en economía que no se puede medir ni cuantificar. Las expectativas racionales de Lucas, implican un serio trabajo de investigación, pero el término resulta "gelatinoso", ya que el consumidor suele tener un conocimiento vago e imperfecto de un mercado cada vez más complejo y cambiante. Cada vez hay más escenarios, cambios más rápidos y profundos y, además de las dificultades inherentes, se amontonan una cantidad de factores paraeconómicos, tensiones, intereses, poderes, presiones y accidentes. Y por encima de todo, porque la toma de decisiones no pertenece en definitiva a los economistas sino a los hombres de gobierno, además de millones de productores y consumidores; no se basa en exclusivos fundamentos económicos y sociales, sino políticos, no usa muchas veces la razón sino las "conveniencias" del momento.

Por otra parte se suceden turbulencias permanentes, distintas y simultáneas. Surgen sorpresivamente temas nuevos y cambiantes. Y como la economía es una ciencia social, carece de la precisión de las ciencias físicas o matemáticas. La gran crisis alemana de la primera posguerra, sólo Keynes la preanunció (también nuestro gran economista de la época, don Pedro Cosio, varias veces Ministro de Hacienda previó el fracaso del Tratado de Versailles, ante el descreimiento general). La gran depresión de 1929 la anticipó Hayek, en su Instituto de Viena, cuando nadie la había previsto. El shock petrolero de 1973 no fue advertido por nadie. Al contrario. Un mes antes, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico afirmaba "una fase de excepcional recobramiento en EE.UU., Japón, Alemania Occidente, Francia e Italia".

Nadie se dio cuenta que la cotización del barril de crudo, a dólares constantes, era de U$S 1,20 en el año 1900 y de 0,58, en octubre de 1973.

Y aparecen fenómenos nuevos o agravados, que distorsionan las previsiones: el informalismo, la implosión del imperio soviético, la droga, los desplazamientos y matanzas en Africa, la crisis de la deuda en México, a fines de 1994, que se repite en Asia, en Rusia, en Brasil, el "default" en Argentina (llamémosle bancarrota), sus efectos (así como la no comunicación del brote de aftosa) en nuestro país, con la crisis bancaria y sus efectos.

Por esa época no se previó el escándalo en varias grandes empresas de EE.UU., las previsiones erróneas sobre las empresas "punto com." En Wall Street, la extensión y las sangrientas derivaciones de la invasión a Irak, el poder enmascarado y desconocido del terrorismo, a lo que podemos agregar la epidemia de la vaca loca, los nuevos y "cercanos" brotes de aftosa, la gripe aviar y, para nuestro país, la maniquea reacción de Kirchner, su complacencia con los piquetes fronterizos (y su dureza con los internos) y la desorientada actuación de nuestro gobierno.

Todo esto en un mundo nuevo dominado por las computadoras, las comunicaciones y la globalización. Y en este mundo caótico, seguimos haciendo previsiones macro, con porcentajes, decimales y fórmulas matemáticas, en medio de presiones políticas y sindicales. Lo del acápite. Tenía razón Prebisch hace más de 50 años. ¡Lo que escribiría ahora!

"La toma de decisiones no pertenece a los economistas sino a los hombres de gobierno y a los millones de productores y consumidores"

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