Manuel Nieto en película que salvó honor

La película Hamaca paraguaya, cuya realización es calificada de "milagro" por su directora, Paz Encina, fue recibida con aplausos y elogios en Cannes. El asistente de dirección en esta película fue el uruguayo Manuel Nieto, que había hecho el mismo trabajo en Whisky, 25 Watts y Los muertos, y que ahora tiene en cartel La perrera, su primer largometraje.

En Cannes un crítico del diario Libération la calificó de "verdadero filme de apertura" y que salvó el honor cinéfilo del festival. Presentada este jueves en la sección Una Cierta Mirada, la misma donde se presentó Whisky hace dos años, y recibida con fuertes aplausos y elogios de los críticos, es la primera película paraguaya que forma parte de la selección oficial de Cannes.

Su realización, gracias a varios fondos internacionales de ayuda, fue "un milagro" en un país que carece totalmente de industria cinematográfica, explicó la directora. El hecho de que haya sido seleccionada en este festival "nos abre una puerta", agregó Paz Encina, para quien "filmar es algo vital", y dice que hay que hacer el esfuerzo para que la tarea de hacer cine en su país, "aunque es difícil, no sea imposible".

Filmada en lengua guaraní, con cámara fija y un depurado lenguaje cinematográfico en el que los silencios son más significativos que las palabras, Hamaca paraguaya transcurre en junio de 1935, en el momento en que termina la Guerra del Chaco.

En un rincón perdido del interior de Paraguay, dos viejos, Cándida (Georgina Genes) y Ramón (Ramón del Río) esperan que llueva, que pase el calor o que el perro deje de ladrar. En realidad, en medio de la soledad y la desesperanza, esperan la vuelta de su hijo que se fue a la guerra.

Sentados en su hamaca, esperan algo que no llegará, como los personajes de Samuel Beckett, cuya influencia Paz Encina reivindica. Con una diferencia: en la obra de Paz Encina no hay el vértigo de la nada ni la degradación de lo humano. Por el contrario, una tierna humanidad acerca al espectador a la comprensión de sus personajes, grandes y universales en su angustia ante el duelo del único hijo.

Esta es la primera película de Paz Encina, de 35 años y autora de varios cortos. Con esta compite por la Cámara de Oro, que galardona un primer filme de cualquier sección del festival.

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