Pensábamos que después de los logros del gobierno anterior con la Comisión para la Paz y del éxito del actual en la investigación en unidades militares y localización de restos de algunos de los desaparecidos en la dictadura, el carnavalito legal sobre la Ley de Caducidad -intentos de interpretarla, divagaciones para anularla, pedidos para derogarla- se iba a terminar. Pero no. El Pit-Cnt anunció el 1° de mayo una campaña, dicen que para "anularla". Algunos colegas y otras organizaciones andan en lo mismo. Y Michelini, es claro. En realidad nadie sabe qué es lo que quieren hacer con la Ley, respecto de la cual -y en esto estamos con el gobierno- no cabe otra cosa que cumplirla en todo su alcance. Las demás propuestas, en lo técnico y en lo lógico, son inadmisibles.
En el plano jurídico, a veinte años de su vigencia no es necesaria la interpretación auténtica de la ley. Esa es tarea de la jurisprudencia, cuando la aplica. La anulación -otras de las aspiraciones de algunos- es una figura desconocida para el derecho, un invento argentino para revivir las leyes de obediencia debida y punto final y de esa manera satisfacer los ímpetus populistas del Presidente. No existe la ley nula. Si a la ley le faltara un elemento formal imprescindible para ser tal, estaremos ante un caso de inexistencia. Si la ley violentara normas o principios constitucionales, que debe respetar porque son de rango constitucional, hay que plantear su inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia, lo que ya se hizo sin suerte en otra oportunidad, lo que no quiere decir que no pueda volver a hacerse, cumpliendo con los requisitos del caso, entre otros, acreditando un interés directo, personal y legítimo. Pero insistimos en que el principio es que "no hay nulidad sin ley que lo establezca" y no que por ley se pueda anular otra ley. Esto lo sabe un estudiante de Secundaria.
La intención de la derogación es un atentado lógico, porque la derogación tiene efecto para el futuro, no para el pasado. La Ley de Caducidad es una ley de amnistía, entraña un perdón. Entonces ¿cómo se hace para castigar por determinados hechos a aquel que fue perdonado por los mismos hechos? ¿Cómo se "desperdona" (con perdón por la licencia) al perdonado?
Esto es tan sencillo, tan elemental, que daría para un simple "no embromen más muchachos" y a otra cosa. Pero no es tan sencillo, porque en el trasfondo de este empeño pitceenetista hay una intención perversa. A estos señores no les sirve que en el país haya seguridad jurídica. Les sirve todo lo que desestimule la inversión, porque que vengan capitales a radicarse, a generar empleos y a pagar buenos salarios, le quitaría razón de ser a "la lucha de clases", y el bienestar de los trabajadores no es buen negocio para los sindicatos, aunque parezca mentira. Es que los nuestros son decimonónicos, viven de la confrontación, alimentándose del odio de las clases, de la imagen del empresario enemigo, y si para muestra basta un botón, es suficiente con escuchar las barbaridades que se dijeron en el acto del 1° de mayo, motivando la condigna reacción de la Cámara de Industrias y otras. Estos se visten de dirigentes gremiales para proteger intereses personales simulando que están al servicio de ideologías perimidas, que a la hora de ponerse en práctica fracasaron sin excepción, degenerando sistemáticamente en dictaduras.
Hay que sacarles la careta de una buena vez.