Daniel Herrera Lussich | Corresponsal permanente
EL PAÍS EN WASHINGTON
Lo miran con gesto de respeto, de estar casi pendientes de sus palabras. Pero no es el mismo que múltiples veces se sentó ante los organismos de crédito o bancos y conmovió con sus incumplimientos y agresivas decisiones a la burocracia internacional y al mundo político y económico.
En su cara se observa mayor distensión que hace dos años; sonríe más seguido y elude respuestas comprometedoras que en otras épocas las hubiera embestido sin mucho miramiento.
Lavagna, de 64 años, ex ministro de Economía de Ernesto Duhalde y Néstor Kirchner, fue especialmente invitado a un seminario que acaba de realizar el FMI. La reunión del Fondo se centró en dos terrenos: la creación de un nuevo FMI, más realista, y el análisis del proceso económico de la América Latina.
-Su candidatura para 2007 y 2011 nació de una sugerencia en un artículo firmado por usted. ¿Está lanzada su postulación?
-¡Ufa!, con lo que falta de aquí a un año y medio, mucha agua ha de correr todavía. Pero no digo ni que sí, ni que no a la cuestión. No es un tema que esté en mi cabeza constantemente, pero tampoco lo dejo afuera.
-Se dice que usted es seguro candidato a la capital federal, y junto a Macri serían los hombres que marcan mejor perfil, ¿es exacto?
-Le respondo que de aquí a allá habrá muchos hechos que mantendrán o cambiarán el actual panorama argentino. Las encuestas me dan bien, pero creo que no se puede distraer la atención del país en prematuras campañas electorales. Y le aclaro que estuve 14 años en la actividad privada antes de ser embajador y luego ministro. Pienso que en el sector privado se pueden hacer muchas cosas por el país.
-¿Y la posibilidad de disputar la presidencia de la República?
-Mire, no estaría en mis cabales si acepto ahora hablar de lo que ocurrirá en 2011. Sólo un estúpido tendría la bola de cristal para saber qué ocurrirá dentro de cinco años cuando no tenemos idea muchas veces sobre los sucesos más inmediatos.
-¿Cómo ve la economía argentina?
La posición independiente de Argentina ante el FMI fue el comienzo de la salida de la crisis que golpeó al país a fin de 2001. Además quiero recalcar que no fue un capricho de decir no sino de presentar y acordar un programa alternativo.
-¿Y si tuviera que referirse a las amenazas al panorama económico argentino?
-Principalmente se debe aumentar la inversión en materia energética y estar atento a la inflación. El futuro depende de lo que se haga. Si no se usan los remedios adecuados, el resultado puede ser malo. Veo positivo el superávit fiscal, sin duda una lección aprendida tras años y años de déficit.
-¿Qué piensa sobre los problemas actuales del Mercosur?
-La eventualidad de que el Uruguay, de miembro pleno y fundador pase a ser miembro asociado, sumada al acceso pleno de Venezuela, le haría perder al Mercosur notoriamente imagen en dos terrenos fundamentales: 1º) su contenido democrático y si va a estar o no organizado bajo una economía de mercado; y, 2º) si se incorpora Venezuela no sumaría esos dos factores, máxime retirándose Uruguay. Se daría un retroceso muy serio en la integración del Cono Sur.
-¿Cómo ve el diferendo entre Uruguay y Argentina por las plantas de celulosa?
-Hay que sacarle todo contenido político interno, hay que ubicarlo como un tema medio-ambiental para poder llegar a un acuerdo. Y realmente sería muy grave que rápidamente no surgiera una salida, sería impensable. Ya me es muy difícil explicar cómo se llegó hasta acá, hasta un punto de tanta dureza.
-Uruguay acaba de iniciar negociaciones con Estados Unidos para un tratado comercial y han salido voces, especialmente desde Argentina, de que tendría entonces que abandonar el Mercosur, ¿cuál es su opinión?
-No es de ninguna manera incompatible. Además lo que se está negociando suena mucho a un acuerdo sobre mercados específicos para determinados productos, más que a un TLC, pero igual no es una condición del otro.