Para empezar, Oldboy no tiene nada de manga, o historieta japonesa. Al menos no desde el punto de vista narrativo y visual. La observación viene al caso porque la película de Park Chan-wook, segunda de una nombrada trilogía sobre el tema de la venganza, adapta un manga. Y eso que el guionista de la historieta se hizo cargo de su pasaje al cine. Quedan fuera de juicio las diferencias o similitudes entre las dos obras, ya que la historieta no ha sido vista por acá.
Entonces hay dos posibilidades. O bien el guionista entendió que ambos lenguajes, el cinematográfico y el de la historieta, son diferentes (aunque tengan muchos puntos en común), o bien el director decidió ejecutar su visión de la obra, evitando cualquier tipo de afinidad estilística con el lenguaje del manga.
Tienen más de manga (y no de publicidad, como han dicho algunos) las dos películas de Stephen Chow, Fútbol kung fu y Kung fusión, en especial la primera.
No conviene contar el argumento de Oldboy. Ya es suficiente con saber el punto de partida: un hombre es secuestrado y encerrado en un cuarto durante quince años, tras lo cual es liberado. Eso ocurre en el primer cuarto de la película, el resto sigue su investigación del motivo por el que fue encerrado. "Pobre Oldboy", que en realidad se llama Oh Dae-su, es el comentario que amerita esta historia casi desde el comienzo. Pobre, porque cae presa de una trama tan retorcida como solo un cineasta o un mangaka (autor de historietas) oriental podría imaginar. Difícilmente (aunque nunca hay que decir nunca) un argumento así podría salir de una mente europea, estadounidense o siquiera latinoamericana.
Puede que Tarantino sea uno de los pocos directores occidentales capaz de crear un plano secuencia como el que muestra al protagonista, encerrado en un pasillo, enfrentándose armado con un martillo a una veintena de hombres armados con palos.
Aquí no importa el realismo, no se lo busca en ningún momento, salvo en algunas escenas de violencia cruda como una en la que se arrancan dientes con un martillo. Hay también una lengua cortada con tijera, martillazos, tiros en la cabeza y algunas otras delicadezas como el protagonista comiéndose un pulpo vivo (aunque eso no es raro en Corea). En una película como Destino final 3 hay muchísima más violencia gráfica que acá. Y sin embargo, lo que hace violenta a esta película es el motivo que mueve a los personajes, tan retorcido y simple a la vez, que pone en acción el juego entreverado que se desarrolla a lo largo del film.
Park Chan-wook ya había mostrado su gusto por lo retorcido y sórdido atado a su buen ojo cinematográfico para plasmar las ideas en pantalla, en Sympathy for Mr. Vengeance (2002), la primera de la "trilogía". Un año después volvió a manifestar su capacidad para generar poderosas imágenes en esta película, que a diferencia de la anterior tiene un protagonista muy sólido, cruza de héroe y víctima patética, interpretado con intensidad por Choi Min-sik (que también está en la tercera de la trilogía, Lady Vengeance).
La titánica pelea en el pasillo, el comienzo al borde de una cornisa, la escena del restaurante donde Oh Dae-su se traga el pulpo vivo, y el plano casi al final que gradualmente va revelando la verdad detrás de la trama, revelan la habilidad del director para generar imágenes difíciles de borrar, cosa bastante frecuente en parte del cine oriental de los últimos años.
Se dice que Oldboy tendrá su remake estadounidense en algún momento de este año. Sería deseable que ese plan no se lleve a cabo, y que al contrario, esta versión circule más, acercando a los espectadores occidentales a historias menos complacientes y cineastas más arriesgados.