Tendrá sus méritos el reciente estreno de una versión musical del "Canto General" de Neruda y del ballet "Los amantes de Teruel" de Mikis Theodorakis. La crítica especializada se ha encargado de destacarlos, en algunos casos con objetividad y en otros con una notoria fidelidad política. Lo que ninguna dice, en el caso de este último, es que es el autor del himno nacional palestino. Y en el de Neruda, que fue un adorador de Stalin, el genocida más grande del siglo XX, que mató u ordenó matar más gente que toda la que murió en la Segunda Guerra. Beneficiario del Premio Stalin, le dedicó un poema en "La tierra se llama Juan"; otro en "Que despierte el leñador" más otros dos en "Es ancho el nuevo mundo". Fundó ese amor en que había sido "el vencedor de los ejércitos de Hitler", olvidando que lo fueron más Churchill y Roosevelt y la existencia del Pacto nazi-soviético suscrito por Molotov y Ribbentrop el 23 de agosto de 1939. Las citas son sólo un recuerdo a los desmemoriados.