Dolor y esperanza de la nueva tierra

CRITICA/GUILLERMO ZAPIOLA

LEGADO

Directores. Vivián Imar, Marcelo Trotta.

Libreto. Vivián Imar, Marcelo Trotta, sobre proyecto de Baruch Tenenbaum.

Música. Vivián Tabbusch, Javier Zentner.

Sonido. Jorge Stavropulos.

Narración. Schiffra Lerer, Cristina Murta.

Producción. Fundación Raoul Wallenberg.

Argentina 2005.

El esfuerzo documental y periodístico es significativo. El equipo capitaneado por los directores y libretistas Vivián Imar y Marcelo Trotta dedicaron un tiempo significativo a reunir materiales (viejos noticieros, fotografías), rastrear testimonios, y viajar a diversos lugares de su Argentina y el extranjero (desde Estados Unidos a Israel) para reunir la requerida información para este trabajo acerca de la inmigración judía al Río de la Plata durante las últimas décadas del siglo XIX. A ese material testimonial se agregaron escenas filmadas exprofeso, reconstrucciones que redondean la crónica de un pasado dificultoso. Desde la banda sonora la voz de una de esas inmigrantes, dicha por Schifra Lerer, habla (como ha dicho alguien) "por todos", con un curioso efecto donde se mezclan el distanciamiento y la comunicación con el espectador.

Lo que consiguen es reunir mucho dato y bastante emoción (sobre todo para quienes el tema remueva algunos recuerdos personales o familiares) acerca de un tránsito que tuvo sus características épicas pero también una cuota de tragedia, picaresca y melodrama. "Civilizar es poblar" había escrito Alberdi, y el gobierno del general Roca favoreció la inmigración tras hacer espacio mediante el exterminio o casi de los indios (tarea en la que Juan Manuel de Rosas fue un adelantado) para hacer lugar a esos inmigrantes. Sin embargo, este documental no idealiza ese pasado: da cuenta también de la cuota de engaño padecida por los inmigrantes (los terrenos prometidos al principio ya no existen, y hay que arreglárselas como se pueda), de los datos de miseria o enfermedad que acompañaron la creación de las primeras colonias que luego progresaron.

El film apoya su testimonio en la presencia y las palabras de descendientes de aquellos pioneros, y amplía el cuadro con información complementaria que contextualiza su crónica. Los directores Imar y Trotta han señalado que una de sus preocupaciones fue la de desmontar la leyenda (también sostenida desde este lado del Plata) acerca del "país de los brazos abiertos". El prejuicio hacia el "diferente" abundó más de lo debido, los inmigrantes chocaron a menudo con los intereses del tradicional latifundio que moldeó el desarrollo rural de la Argentina, y de ello hay varias constancias en este documental.

El conjunto vale como recuperación de un fragmento de la historia de América Latina que se cruza con la historia judía, y vale sobre todo como documento cinematográfico en el que hay mucho dato, mucho testimonio, una dosis de reflexión y hasta otra de emoción. Es posible que Imar y Trotta se jueguen sobre todo a lo informativo (es un trabajo bastante tradicional, no exactamente un "documental de creación"), pero ello no disminuye el interés y a veces hasta el dramatismo de la historia que cuentan. Por otra parte, todos somos inmigrantes.

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