carlos reyes
En mayo de 1965 la revista Cine, Radio, TV, Actualidad informaba que "Rubén Castillo, el popular discómano de Radio Sarandí, reconocido como uno de los directores más solventes de nuestra plaza, será quien pondrá en escena Una luna para el bastardo, la difícil obra de O`Neill. El teatro del autor norteamericano ha sido siempre de seguro éxito de público, por lo que se descuenta para esta temporada nutridas plateas."
Hoy a las 21.30 hs en la Sala Dos de la Alianza Uruguay-Estados Unidos, la directora Elena Zuasti vuelve sobre ese título, buscando probar cómo responde el público más de cuatro décadas después de aquella sonada versión. El elenco actual lo componen Verónica Caissiols, Félix Correa, Gabriel Bauer, Hugo Blandamuro y Ariel Caldarelli, con música original de este último inspirada en baladas celtas que dan cuenta del origen irlandés de este gran dramaturgo estadounidense.
O`Neill comenzó a escribir esta obra al terminar Viaje de un largo día hacia la noche, de la que toma el personaje de James Tyrone, un actor frustrado inspirado en su propio hermano. La acción se desarrolla en una granja en 1923, donde un padre autoritario (también irlandés) protagoniza una conflictiva relación con su hija. Buscando comprar a buen precio la propiedad que alquila, padre e hija tienden una trampa al propietario de la finca, un hombre oscuro que sueña con las marquesinas de Broadway, precipitando la situación hacia un negro final.
No es este el primer título que Zuasti pone en escena de O`Neill. En 1968, la directora había llevado a escena con la Comedia Nacional Ah, soledad, en el Teatro Solís. Luego, a mediados de los años `70, montó El luto le sienta bien a Electra, en la misma institución donde ahora se estrena esta obra.
"Nosotros, los actores -señala Zuasti en relación con el sentido último de esta obra- consideramos que no somos los únicos que usamos máscaras. Casi todos los humanos nos construimos nuestra propia máscara, para enfrentar a la sociedad y defender nuestro yo interior. Entregando una falsa imagen de nosotros, creemos estar menos expuestos al dolor de ser rechazados, heridos o maltratados".
Efectivamente, un tópico recurrente en la literatura de O`Neill (ganador de cuatro Premios Pulitzer y del Premio Nobel en 1936) es esa mirada oscura sobre el hombre, frecuente víctima de sus propias circunstancia. Producto de esa visión fatal de la existencia son sus enjundiosas tragedias que aúnan elementos fantásticos a una fina mirada a la realidad.
La obra de O`Neill se abrió paso en Uruguay ya en vida del autor, cuando en 1937 Manuel Domínguez Santamaría hizo Ligados en el Centro de Protección de Choferes. El Tinglado lo abordó en los años `40, de la mano de María Abelenda Pons de Mendizabal. En los años `50, su obra cobró mayor difusión a través de los trabajos de El Galpón: Rumbo a Cardiff y Viaje de un largo día..., que Juan José Brenta hizo en doble programa en 1956, y Más allá del horizonte, uno de los pocos trabajos que Alberto Candeau dirigió fuera de la Comedia Nacional, en 1959.
Luego, Villanueva Cosse hizo Viaje de un largo día... con la compañía Willat-Martínez Mieres, título que Jorge Denevi dio en el Stella en 1995. Una luna para el bastardo también fue hecha por Jaime Yavitz en la Sala Verdi en 1978, con la Comedia Nacional.