Prohibido fumar

FRANCISCO GALLINAL

Sinceramente creo que se le está yendo la mano al gobierno en la prohibición de fumar que ha dispuesto con carácter general, casi sin excepciones. Y digo casi sin excepciones porque hasta donde yo conozco, hay solamente dos posibilidades de fumar sin contravenir la normativa emanada del Poder Ejecutivo: estar preso, o ser enfermo psiquiátrico, circunstancia en la que me imagino ningún habitante del país desea verse involucrado para poder fumar.

La decisión nos merece objeciones de carácter jurídico porque la restricción requiere de una ley dictada en función del interés general y dicha ley no ha sido aprobada. El gobierno nacional puede sin dudas prohibir el consumo de tabaco en determinados lugares y circunstancias, obligar a etiquetar las cajillas de cigarrillos en la forma que lo ha hecho, establecer restricciones en defensa del interés general, pero debe hacerlo por ley.

De una ausencia de normativa en la materia, o al menos de una muy aislada reglamentación, se ha pasado a una prohibición tan absoluta que roza el ejercicio y goce de derechos personales que van a determinar, en algún momento, la rebelión pacífica de muchos compatriotas.

Por ejemplo, los propietarios de locales que se alquilan para la celebración de casamientos, cumpleaños, fiestas privadas, trasladan a los responsables de dichos festejos, es decir a los novios o al del cumpleaños, la responsabilidad del cumplimiento de la prohibición de no fumar y el eventual pago de la multa que se pueda imponer.

No parece justo ni razonable que en un casamiento o cumpleaños que se celebra en un local de fiestas arrendado al efecto, no se pueda fumar. Tampoco parece correcto que se prohíba fumar en los pubs o lugares nocturnos en los que bien se pueden definir zonas especiales para fumadores y no fumadores; de la misma manera que no permitir fumar en determinadas circunstancias como velatorios o lugares públicos como casinos o salas de esparcimiento, resulta improcedente.

De allí que considere la posibilidad, y vamos a ver si lo redactamos en los próximos días, de presentar un proyecto de ley que al establecer la prohibición de fumar con carácter general, se definan excepciones de las características de las mencionadas que no solamente nos parecen justas, sino que además benefician algunas actividades comerciales legítimas que hoy se ven perjudicadas.

No me comprenden las generales de la ley, hace catorce meses que no fumo. Sí debo reconocer que se me ha hecho cuesta arriba no fumar en estos últimos tiempos, porque había llegado a una situación ideal, olvidarme de la existencia del cigarrillo, cosa que el gobierno me ha recordado en estos últimos tiempos.

Al fin de cuentas esto de fumar se va a ir transformando en un acto de oposición al gobierno y el efecto de la aplicación del decreto va a ser precisamente el contrario, va a empezar a aumentar la cantidad de fumadores y por ende, de opositores. Esto me hace acordar una reunión que tuvimos con el Presidente Vázquez a mediados del año pasado; momentos antes de trasladarnos con algunos compañeros del Directorio, preparando las alternativas del encuentro, se me ocurrió sugerirle a Luis Alberto Heber: "si en algún momento de la reunión ves que la cosa se complica, sacás los cigarrillos y el encendedor y los ponés arriba de la mesa". No fue necesario. Discrepamos sanamente.

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La prohibición de fumar vigente requiere de una ley que establezca los límites y las excepciones en función del interés general.

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