En un reciente reportaje que apareció en El País de Madrid, realizado por el director de Le Monde Diplomatic, Fidel Castro después de afirmar que "los yanquis no podrán destruir êste proceso revolucionario", advirtió que el único riesgo de su régimen es el de la autodestrucción. "Nosotros sí podemos destruirlo, y sería nuestra culpa." Agrega la información, que el dictador se refería a la emergencia de los "nuevos ricos", o sea pequeños empresarios o funcionarios corruptos que se benefician de la apertura que tuvo el régimen en la década de 1990. Anunció además que de salud esta muy bien , que no se retirará y su sucesor será su hermano Raúl.
Este reportaje es el último, de los escasos cinco que le hicieron a lo largo de su tiranía. Prefiere el interminable monólogo, donde él es dueño del bolillero, a los exámenes de periodistas libres donde tantas bolillas tiene olvidadas. Reconoce que el único riesgo del régimen es la autodestrucción. Sabe que ocurrirá cuando el rasero igualitario hacia abajo, que es su esencia, sea inevitablemente quebrado por la voluntad de libertad y superación del ser humano. De ahí su implacable castigo a quienes lo busquen. No obstante, para buena parte de nuestros "progresistas", todavía Fidel y su régimen siguen siendo uno de los iconos más emblemáticos. La reanudación de las relaciones diplomáticas fue unos de los primeros actos del gobierno, casi como si se integrara al mismo ritual de la democrática ceremonia de la investidura presidencial. Una de las más obsesivas preocupaciones de nuestro Ministro de Relaciones Exteriores, en esos malos ratos en que parece ejercer, sigue siendo el incorporar la tiranía cubana al Mercosur, como si se tratara de una democracia. En esa misma línea afectiva para con el régimen, aparecen los callados convenios en torno a la atención de enfermos en la isla, la presencia de los médicos cubanos ejerciendo por estos pagos, y todo ello como si faltaran aquí profesionales capacitados, y con plena conciencia de su responsabilidad social. Apunta más a una promoción de la dictadura que una atención al enfermo. De ahí que las condiciones del acuerdo y su discurrir habrían quedado en las sombras, sin la protesta de nuestros profesionales oftalmólogos
Es, pues, una tenaz devoción que allí está, entera junto a la tiranía cubana, más allá de presuntas conversiones. No hay ventisca que la enfríe, ni horror que la conmueva, por lo menos para una buena parte de esos sectores. Por lo tanto, poco los ha de turbar el que, como bien de familia, el tirano anuncie, con la naturalidad de lo obvio, que después de él, será su hermano quien siga disponiendo de Cuba, de su pueblo, de sus libertades y derechos. Una vez más se advierte como algunos sectores de izquierda manotean el lenguaje y los valores de los liberales para mejor pisotearlos, a la sombra de su prestigio. "La liberación" de la isla tan pregonada, en definitiva, es el prestigioso decir, para encubrir lo transferencia de su historia, de su gente, de su destino, como cosa del dominio privado. Bien podría escucharse: "si por un grave error no soy inmortal, cuando falte yo, Cuba y su pueblo será la herencia para mi hermano."
Lo que nos inquieta es la tenaz solicitud por aquel régimen, de parte de figuras y sectores que integran el gobierno al que llegaron por la voluntad soberana de su pueblo, en un ámbito de libertad, de respeto al estado de derecho, de pacífica rotación de los partidos en el poder. Sin embargo se prodigan por ver de fabricar la farsa de un sistema cálido de humanidad, bondadoso y tierno., mientras se pudren en prisión quienes piensan distinto, fresca esta aun la sangre de sus paredones, la isla se encierra como una inmensa cárcel de la que no pueden salir los que quieran escapar a ese ámbito de miseria, delación, pobreza y miedo El abrir los caminos para que aquel régimen con rostro falsificado se deslice en las sombras en procura de influencias y de pregoneros de sus bondades" es una tarea que sus devotos aún en el gobierno no la olvidan La pregunta entonces es: ¿quieren lo de aquí o buscan lo de allá?