Una amenaza de juicio político acecha a Bush

| Ex asesor declaró que Bush y el vice Cheney le ordenaron revelar identidad secreta de una agente secreta de la CIA

AMENAZADO. Oposición proyecta acción contra el mandatario en Congreso, otro capítulo en una serie de momentos presidenciales. 200x133
AMENAZADO. Oposición proyecta acción contra el mandatario en Congreso, otro capítulo en una serie de momentos presidenciales.
Bloomberg

Daniel Herrera Lussich | Corresponsal permanente

EL PAIS EN WASHINGTON

Serio riesgo de terminar en un escandaloso juicio político corre el presidente George W. Bush acusado, ante una Corte Federal, de ordenar la revelación de la identidad de una espía secreta de la CIA para desprestigiar al marido, ex embajador y científico, que públicamente negó la existencia de material nuclear y la entrega de uranio nigeriano a Irak.

El presidente Bush había presentado, en aquellos momentos, como argumentos fundamentales ante el Congreso para justificar la invasión a Irak la discutida posesión por Saddam Hussein de poderoso armamento de destrucción masiva .

Y la explosiva noticia que golpea la cúpula de la Casa Blanca nace en las declaraciones de Lewis "Scooter" Libby, nada menos que asesor y brazo derecho del vicepresidente Dick Cheney. Este fue encausado hace varios meses por el juez de instrucción que investigaba la filtración a la prensa del nombre de Valerie Plame, una rubia tipo película de acción hollywoodense, quien cumplía actividades secretas para la CIA junto a su marido, Joseph Wilson, primero embajador americano en Bagdad y luego, en su carácter de cotizado científico, encargado de la misión de indagar en Irak la compra de uranio y la existencia de un arsenal nuclear.

Wilson apenas retornó de Irak comunicó al gobierno la inexistencia de armas nucleares, sin que nadie le respondiera el informe, hasta que el presidente Bush, en el discurso ante el Congreso esgrimió como base para la invasión el material de destrucción masiva en poder de Saddam. El científico envió entonces una extensa carta al diario "The Washington Post" con un crudo relato de su misión, denunciando la inexistencia de arsenales y la falsa versión ofrecida desde tiendas de gobierno para justificar la invasión.

Wilson desde ese momento se convirtió en enemigo. Y la " vendetta" fue contra su mujer, cuando cuatro periodistas recibieron confidencialmente informes sobre la identidad de la Plame, hecho que ponía en riesgo su vida . Revelar la identidad de un agente secreto es un grave delito en Estados Unidos.

Las investigaciones llevadas adelante por el fiscal especial Patrick Fitzgerald concluyeron con una pesada acusación contra Libby: perjurio, obstrucción de la justicia y mentir al FBI sobre el caso de Valerie Plame.

Ahora en la presentación que el fiscal federal, Fitzgerald acaba de realizar ante la Corte se despeja el camino para saber quién dio la orden de "filtrar el nombre de la espía de la CIA". Libby bajo juramento testifica: "Bush consintió y autorizó la revelación a través del vicepresidente Cheney del nombre de Valerie Plame ".

La difusión pública de los datos de los expedientes judiciales ha sido el detonante de acusaciones, amenazas de juicio político de legisladores demócratas y de corporaciones de derechos humanos, aunque también surge alguna voz a favor.

Muchos recuerdan que apenas estalló el escándalo acerca de la espía de la CIA y su marido diplomático y científico, el propio George W. Bush prometió "echar a todos los funcionarios que fueran señalados por la Justicia como autores de la filtración", una actitud que dijo "aborrecía".

Allegados a la Casa Blanca defendían ayer la posición de Bush bajo el argumento de que "el mandatario tiene poderes para ordenar la desclasificación de documentos confidenciales", aunque el vocero oficial, Scott McClellan dijo que "no tengo nada que declarar sobre la investigación", mientras que el secretario de Justicia, Alberto González, aseguró que " el presidente tiene autoridad implícita para decidir quién debe recibir información secreta".

MALOS MOMENTOS. En tanto en tiendas demócratas sacaron a relucir la artillería pesada contra el gobierno, contra George W. Bush y Cheney. El presidente del Comité Nacional del Partido Demócrata, Howard Dean, acusó: "el hecho de que el presidente haya estado dispuesto a revelar información clasificada para beneficiarse políticamente y haya antepuesto los intereses del partido a los intereses del país muestra que ya no se puede confiar en él para garantizar la seguridad de la Nación".

También fustigó duramente el líder de la minoría demócrata del Senado, Harry Reid, "la revelación es alarmante, el presidente debe aclarar su participación en la filtración selectiva de información clasificada, el pueblo americano debe saber la verdad".

El senador demócrata por Illinois, Dick Durbin, no se quedó atrás de sus colegas, al fijar posición: "El presidente y el vice son culpables de engañar al pueblo norteamericano y de revelar material secreto con propósitos políticos. Es lo más grave en una democracia".

Sin duda malos momentos y serias acusaciones esperan al presidente George W. Bush. Hace pocos días un senador demócrata Russ Feingold pidió su censura, luego los laureados actores Richard Dreyfuss y Barbra Streisand reclamaron públicamente un juicio político por "las cárceles clandestinas y las torturas de Guantánamo y Abu Ghraib".

Hoy senadores demócratas y corporaciones de derechos humanos planean iniciar un juicio político contra el presidente, seguros del éxito si alcanzan la mayoría del Congreso, como pronostican las últimas encuestas, en las elecciones de noviembre de este año 2006.

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