Washington - El Senado de EE.UU. debate a partir de hoy un proyecto de reforma migratoria aprobado por su Comité Judicial, en un ambiente de satisfacción y cautela ante la posible regularización de millones de inmigrantes indocumentados.
La aprobación fue un triunfo para millones de manifestantes que se lanzaron a las calles de una decena de ciudades del país ayer y el pasado fin de semana para exigir un mejor trato para los inmigrantes.
El debate, que podría culminar con la votación del proyecto en el mismo día, comenzará en la víspera de una visita oficial del presidente George W. Bush a México, país que aporta el mayor número de inmigrantes a EE.UU..
El proyecto, que incluye un programa de trabajadores temporales, beneficiaría a unos 12 millones de inmigrantes en situación ilegal y les allanaría el camino para, en última instancia, obtener la ciudadanía estadounidense.
La medida, aprobada ayer por el Comité Judicial por 12 votos a favor y 6 en contra, permitiría que los inmigrantes indocumentados que llegaron antes de 2004 continúen trabajando en el país.
También crea un programa especial para 1,5 millones de trabajadores agrícolas que podrán optar a la residencia permanente sin la necesidad de regresar a sus países de origen.
El proyecto contempla duplicar el número de efectivos de la Patrulla Fronteriza y autoriza la creación de un muro virtual en la frontera con México formado por vehículos, cámaras y sensores.
"Estamos complacidos de ver que el Senado avanza con esta legislación", manifestó María Tamburri, portavoz hispana de la Casa Blanca.
Agregó que el presidente, que es partidario de crear un programa de "trabajadores invitados", cree que se necesita una reforma integral "si queremos tener un sistema de inmigración racional, ordenado y seguro".
Tamburri advirtió de que "este es un tema difícil que requerirá un compromiso y duras decisiones. Pero lo importante en este momento es que el proceso está avanzando".
La aprobación se produjo después que Bush señalara ayer que el problema no debería provocar divisiones entre quienes buscan la normalización migratoria y los que afirman que es un problema de seguridad.
"Nadie debería suponer que los inmigrantes sean una amenaza para la identidad de EE.UU. porque los inmigrantes han dado forma a esa identidad", añadió.
Los patrocinadores del proyecto descartaron la idea de que se trate de una amnistía para los inmigrantes indocumentados.
Este es el camino para que "se ganen" el derecho a la residencia permanente, señaló Lindsey Graham, senador republicano que se unió al demócrata Ted Kennedy al proponer la medida.
Los candidatos a esa residencia tendrán que pagar multas, someterse a una investigación de sus antecedentes criminales, aprender inglés y poner al día el pago de sus impuestos, agregó.
Pero el proyecto está lejos de convertirse en ley en una fecha cercana, según advirtieron los expertos en asuntos de inmigración.
Arlen Specter, presidente del Comité Judicial, que apoyó la iniciativa, pronosticó que sus disposiciones más controvertidas sufrirán algún cambio en el debate porque "eso es frecuentemente lo que ocurre" porque el acuerdo bipartidista no es absoluto.
Y cuando finalmente se apruebe, el proyecto tendrá que ser armonizado con una versión aprobada por la Cámara de Representantes donde la mayoría republicana impuso en diciembre un trato mucho más duro para los inmigrantes sin papeles.
Esa versión establece la construcción de un muro en la frontera, que los empleadores confirmen la situación legal de sus trabajadores y la convierte en un delito si no es legal. Tampoco incluye la propuesta de Bush de crear un programa para trabajadores invitados.
El senador republicano Jeff Sessions, que votó en contra, resumió el destino incierto del proyecto al denunciar que "recompensa el comportamiento ilegal, será considerado una amnistía y no restablecerá el respeto de la ley".
"Por fortuna, la Cámara de Representantes ya ha aprobado un proyecto sólido y habrá muchas oportunidades de mejorar la versión del Senado en los próximos días", pronosticó.
EFE