FABIAN MURO
Garo Arakelian se esfuerza y busca en su memoria. Luego de unos instantes en los que guarda silencio y su mirada se pierde en el horizonte de la búsqueda mental, dice: "No, no me acuerdo de otra banda uruguaya que haya apostado a realizar tres conciertos consecutivos en el Teatro de Verano".
El grupo que Arakelian lidera creativamente —es el compositor casi exclusivo del repertorio— se prepara para las presentaciones oficiales de Laberinto y confirmar su privilegiado lugar en el rock nacional. Luego de años de "fracasar con total éxito" al decir del guitarrista, La Trampa experimenta uno de sus mejores momentos. El grupo que también integran Alejandro Spuntone en voz, Alvaro Pintos en batería y Carlos Ráfols en bajo no sólo convoca a miles a sus conciertos. También vende discos. Laberinto fue recientemente certificado Disco de Platino (4.000 unidades vendidas), el primero de esa calificación en los casi tres lustros de historia de La Trampa.
—En la conferencia de prensa que realizó el grupo el pasado 9, el grupo calificó a "Laberinto" como el disco ‘menos comercial’ de La Trampa. ¿Cómo se entiende esta paradoja?
—Cuando dije eso estaba pensando en que Laberinto nació con una intención, que era revincular la música del grupo con elementos que no pertenecen al paisaje rockero ortodoxo, como el folklore y la música ciudadana, elementos que nosotros habíamos manejado en el primer disco. También en las letras hubo una voluntad de alejarse de ciertos tópicos que veníamos manejando, algunos de los cuales pueden interpretarse como ‘rockeros’ y hablar sobre otras cosas, como la Naturaleza y los procesos internos de una persona. Por esas razones, pienso que hicimos un disco que supone un desafío para nuestro público, con canciones que llevan su tiempo para asimilar. También pienso que nuestro público ahora es más permeable a lo que hacemos, tal vez por ahí se pueda entender parte de la respuesta que ha tenido el disco. Pero todo esto son conjeturas, no hemos realizado un relevamiento de la sensibilidad de la gente.
—Un lugar común es decir que este tipo de éxito sorprende, que nunca se lo hubiesen imaginado, bla, bla, bla. ¿Es tan así?
—No, no es tan así. Uno nunca deja de pensar en la proyección que los hechos o las decisiones tomadas por el grupo van a tener. De todas formas, se llega a un punto en el cual la magnitud de los acontecimientos te supera. Cuando anunciamos la primera fecha, estábamos bastante seguros de que llenaríamos el Teatro de Verano. Teníamos fresco el antecedente de los tres Plaza el año pasado. Así que cuando surgió la posibilidad de una segunda fecha, no lo discutimos mucho. Pero cuando se habló de una tercera presentación sí surgieron dudas y discusiones. Tomar esa decisión costó bastante y tuvimos que salir a recoger opiniones de gente fuera de la banda, porque es fácil perder la objetividad adentro de ella.
—¿Dónde ubica La Trampa, temporalmente hablando, los momentos que contribuyeron a este auge?
—En la grabación del disco en vivo Frente a frente (2003) y en los conciertos que dimos en los festivales de Durazno, tanto el primero —cuando tocamos temprano pero con muy buena respuesta— como en el segundo, el año pasado. Esos fueron instancias muy importantes para La Trampa y contribuyeron a sentar los cimientos de este momento. Pero no explican las razones del auge ¿no? Eso me sigue generando incertidumbres, pero he dejado de preocuparme.
—Un disco en vivo y dos conciertos son puestos como ejemplo. ¿La Trampa es una banda de escenario y no de estudio? ¿Es en vivo donde aparece lo mejor del grupo?
—Quiero pensar que son cosas que se complementan. Porque las canciones que la gente corea en los conciertos vienen de un disco de estudio. Y Laberinto me parece el ejemplo paradigmático en ese sentido. Este disco es el más complejo que hemos grabado y el que supone el mayor desafío para llevarlo al escenario.
—En la conferencia de prensa, también dijeron que hace unos años no hubiesen sabido disfrutar de este éxito.
—Y ahora tampoco! (risas). Qué sé yo... uno pasa por muchos estados de ánimo a lo largo de los años, pero sin duda que hemos cambiado. Al menos en lo personal, siento que puedo decir las cosas de una manera menos combativa y más serena, posiblemente eso contribuya a sentirme más relajado en cuanto a lo que nos toca vivir ahora en La Trampa.
—El cantante del grupo dijo una vez, en el Teatro de Verano, que llegaría el día en el que ese escenario les quedaría chico. ¿Siempre fueron tan confiados?
—Si digo que sí, queda horrible. Pero si digo no, también. Lo que puedo decir es que hemos tenido períodos así, de extrema confianza. Pero también hemos sentido el peso de la desilusión, lo que ha generado unas cuantas crisis adentro del grupo. Nunca llegamos a plantear la separación o el fin de La Trampa, pero no anduvimos muy lejos.
—Cuando el público de una banda crece tanto como el suyo, siempre surgen voces que dicen "Se vendieron". ¿Tienen alguna respuesta a eso?
—Sí, que la gente que dice eso hace un pobre ejercicio intelectual, que se basa en un análisis incompleto de la historia y la realidad de la banda.
Canciones de rock austeras y serias
Donde algunos ven un estilo tosco y rudimentario, otros aprecian una intención poética que logra establecer un profundo vínculo entre canción y audiencia. El guitarrista entrevistado por El País sostiene que el nuevo disco es el menos comercial, pero Arakelian podría haber estado hablando de cualquier disco de La Trampa. Es difícil encontrar en el panorama rockero uruguayo un grupo que carezca tanto de una intención pop como La Trampa.
Hasta los grupos que La Trampa ha tomado como referencias locales —Buitres es el ejemplo mencionado por Arakelian— tienen una actitud un poquito más condescendiente con el público, a menudo con una imbatible melodía pop a mano. La Trampa no. De gesto serio y una imagen austera —más cerca del proverbial gris uruguayo que del negro gótico y metalero anglo— la banda ha desarrollado un cancionero de dientes apretados, sin sentido del humor y sin hedonismo. Pero también sin autocelebración —"toca Buitres y si muero hoy el cielo puede esperar", por ejemplo— o guiñadas a lo que pueda considerarse como popular o políticamente correcto, como la proliferación de coros murgueros en discos de La Vela Puerca, No Te Va Gustar y hasta en grupos como El Fuerte Punto Baz.
Si bien Laberinto cuenta con la producción artística de Fernando Cabrera, eso no es inmediatamente evidente. La presencia de Cabrera en la música de La Trampa recuerda a la de Jaime Roos en Durmiendo afuera de Trotsky Vengarán. Al parecer, ni el peso de figuras como las de Roos o Cabrera inciden demasiado en el estilo de estas bandas, lo que habla de un carácter seguro de sí mismo y difícil de manipular (dicho esto en el mejor de los sentidos).
Sin embargo, también se intuye que la presencia de Cabrera —como la de Roos en el ejemplo mencionado— pudo haber sido fundamental como aglutinador y rector de ideas. Sea como sea, el grupo presentará este fin de semana un álbum que reafirma todas las virtudes que el público de La Trampa va a buscar en las canciones.