¿Nueva frustración?

Coincidiendo con el "Día Mundial del Agua", hoy finaliza el IV Foro Mundial del Agua en la ciudad de México. Como ha sido la norma de las últimas décadas, a pesar de la importancia de muchos de los temas que han convocado a las naciones del mundo, no se esperan resultados trascendentes.

En este caso lo insólito es que el agua es un recurso esencial para la vida, a pesar de lo cual 1.100 millones de personas están privadas de acceso a un abastecimiento adecuado de agua potable. A su vez, la mala calidad del agua es causa permanente de enfermedad y muerte de millones de seres humanos. Y decimos que es insólito el resultado esterilizado que seguramente tendrá el foro, porque lo que sobran son los diagnósticos y lo que falta son soluciones audaces y comprometidas.

Existe una fuerte oposición de muchos de los países desarrollados y de organismos internacionales, para excluir de la declaración oficial del foro, que el acceso a agua segura es un derecho humano. Si hay dos principios básicos que nadie puede refutar con argumentos medianamente serios, son el derecho humano al agua y el derecho soberano sobre los recursos hídricos. Como la vida no es viable sin agua —ni siquiera los ecosistemas—, cómo es posible que alguien desconozca la legitimidad del derecho a ella de cada ser humano. Un derecho que, por cierto, está por encima de la capacidad de pago del servicio que cada persona tenga, en el sentido que no es admisible que un indigente o una familia en extrema pobreza, no tenga acceso al agua segura que necesita para vivir. En cuanto al tema de soberanía, es muy delicado pues, por la vía de las privatizaciones, es posible que grandes empresas tomen posesión de fuentes naturales de agua dulce, reduciendo su innegable valor social, cultural y ambiental, solamente al económico. No cabe duda que el agua es un valor estratégico y como tal debemos gestionarla.

Para tener una idea de la realidad, nuestra América del Sur posee el 26% de la disponibilidad mundial de agua dulce, pero para solo el 6% de la población mundial que la habita. La relación europea es de 8% para el 13%; la africana es de 11% para el 13%, y la asiática es de 36% pero nada menos que para el 60% de la población mundial. La importancia del agua es tan grande que involucra de lleno la salud y la producción de los pueblos, la estabilidad ambiental, condiciona severamente el desarrollo cultural y agudiza la pobreza.

Deteniéndonos en nuestros países, importa mucho ser objetivamente críticos. La inmensa mayoría de los servicios de abastecimiento de agua y saneamiento son públicos. Sin embargo, ni han solucionado el tema del acceso al recurso de todos los habitantes, ni han demostrado ser eficientes y buenos administradores. A pesar de ello, como la gestión del agua pública no puede perseguir fines de lucro —debido a su esencialidad—, a nuestro entender no está en discusión que deben ser las empresas estatales las que presten el servicio público de saneamiento y de abastecimiento de agua para consumo humano, —como lo consagró la mayoría de la ciudadanía al aprobar la reforma del artículo 47 de nuestras Constitución, el 31 de octubre de 2004—, sino la calidad y la eficiencia de la gestión. La contundente expresión popular no hizo más que aumentar considerablemente la responsabilidad de la gestión pública del agua.

Sin embargo, el gobierno ni siquiera ha cumplido con el propio mandato ciudadano, recurriendo a una supuesta interpretación del nuevo texto constitucional para ignorar la voluntad de la mayoría, de dejar el servicio público del agua y del saneamiento exclusivamente en manos estatales. Los intereses generales siguen subordinados a los particulares.

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