ALICIA HABER
Entre el Centro Cultural de España y la Fundación de Arte Contemporáneo se instaló un corredor de la memoria. Hay que ir a los dos lugares y ver las propuestas del artista argentino Marcelo Brodsky para compenetrarse con el espíritu de su obra. Una y otra están relacionadas de manera profunda.
Hojas amarillentas, destrozadas, por momentos legibles, por momentos ilegibles, trazos de lo que una vez fue un libro, son registradas por su cámara en el video que se exhibe en el CCE (Rincón 629) y que ya fuera presentado en la prestigiosa XI Documenta de Kasel en Alemania. La instalación de ese libro desmembrado, rodeado de tierra, en cambio se encuentra en el FAC (Juan Carlos Gómez 1544 apto 2).
Ambas obras aluden a hechos que fueron comunes en las dos orillas de Plata. Se trata del enterramiento de libros ante la censura: el miedo que pudieran ser causal de prisión. En forma concreta Brodsky se refiere a cuatro libros que fueron enterrados durante la dictadura militar argentina y permanecieron bajo tierra casi veinte años, en el jardín de la casa de Nélida Valdez y Oscar Elissamburu, en Mar del Plata y fueron desenterrados por sus hijos. Para que que tanta barbarie no cayera en el olvido Brodsky filmó el hecho. Pero no lo hizo como un documentalista. En la obra no hay violencia, ni sangre, ni ningún recurso directo. El visitante ve imágenes sutiles, la filmadora se detiene en fragmentos, en palabras, en la superposición de tierra y página, en los destrozos inevitables que suceden cuando la tierra invade el papel, y el artista juega con la analogía posible entre éste y otros enterramientos, entre estas y otras descompaginaciones, entre esta y otras muertes. Brodsky construye presencias a través de ausencias, de rasgaduras, de formas rotas. Aparece un palimpsesto, formas superpuestas de presencias, olvidos, recuerdos, papeles, barro. El visitante se siente conmovido.
El discurso visual se elabora a partir de lo antiguo, lo encontrado y lo nuevo, que es la manera en que Brodsky rescata ese material. El título del video alude a uno de los libros prohibidos de entonces, Los condenados de la tierra, de Franz Fanon, pero el título es metáfora de otras condenas, incluyendo a los libros que cayeron en un index en el oscurantismo de la Inquisición o la quema de libros nazi en la Noche de Cristal el 9 de noviembre de 1938.
Marcelo Brodsky construye esta obra alrededor de la memoria y los traumas colectivos, el rescate de los vacíos con llenos que pueden ser los del arte. El suyo ha sido llamado un el arte mnemónico por el prestigioso teórico alemán Andreas Huyssen, docente de una famosa cátedra en la Universidad de Columbia de Nueva York y uno de los referentes del pensamiento contemporáneo. Se puede incluir en la tendencia que se ha dado en llamar "Memory art", arte que trata de la memoria y a la vez hace memoria y elabora conmemoraciones de diversa índole.
La historia, recuerda Brodsky, es imposible si se construye a partir del olvido. Hay que rescatar para seguir adelante. Se debe aprender del pasado para poder continuar. Hay que hacer una pausa, como la de este video, que es lento aunque corto, para pensar el pasado y elaborar el presente y el futuro a partir de él.
Si bien una parte importante de lo que exhibe en el CCE y en el FAC, tiene que ver con la dictadura, los desaparecidos, y los torturados, como la serie de fotos entre las que se encuentra la de su propio hermano, Fernando en el ESMA, Brodsky tiene otras temáticas que demuestra en Itinerarios exhibida en el FAC.
CIUDADES. Allí rescata la presencia de las ciudades. Pero lo hace también mostrando todas las ausencias de las presencias. Brumas, nieblas, lluvias, telones, parecen interponerse entre el espectador y la realidad que nunca se aprehende totalmente. Barcelona, Rotterdam, Buenos Aires, el lago O’Higgins de Chile, aparecen velados, detrás de una cortina, mirados a traves de ventanas, como si algo obliterara la posible visión directa, como si algo faltara de la totalidad.
Brodsky subraya a través de esta manera de hacer imágenes que la fotografía no es un arte simple, que tampoco la mirada es sencilla, como enseña la teoría del arte y de la percepción, y que no hay una sola manera de ver, de apreciar y de aprehender la realidad. El mundo puede aparecer por momentos turbio, el ojo puede encontrar obstrucciones, existen impedimentos para abarcar el campo visual, y juegos de luces y sombras intensifican las zonas enigmáticas.
Frente a la contundencia de lo político que se encuentra en el CCE, en esta otra serie se muestra un lenguaje sutil y poético que se emparenta a su vez con el del video político del centro español. Brodsky sabe hablar en variados lenguajes de los vacíos, privaciones, alejamientos y no se encasilla. Tiene la libertad necesaria para enfrentarse a otros tópicos y jugar con otras posibles aproximaciones.