La solución uruguaya

En lo que ya se está convirtiendo en un hábito peligroso, el presidente argentino Néstor Kirchner volvió a opinar sobre aspectos de política interna del Uruguay. Según parece, al mandatario peronista no le gusta la llamada "ley de Caducidad" con la que el pueblo uruguayo decidió dejar atrás el negro período de la dictadura.

Kirchner se dio el lujo de públicamente criticar la decisión soberana uruguaya de ir a un plebiscito para definir esta cuestión tan delicada, y afirmó que esto permitiría que "alguien pueda masacrar a miles de personas y, si en un determinado momento el humor de la gente vota de una forma, se evade de la justicia".

El primer error del mandatario peronista es creer que los uruguayos decidiríamos una cuestión tan dramática y delicada en función de un estado de ánimo momentáneo. Esa ciclotimia, no es propia de los habitantes de este lado del río y menos en este caso donde hubo un larguísimo y exhaustivo debate en todos los órdenes.

Cada país que ha debido enfrentar situaciones cruentas de este tipo ha tenido su propia fórmula para superarlas. España tras el franquismo, Chile luego de Pinochet, Sudáfrica después del Apartheid, incluso los países del antiguo bloque soviético.

Pero en Derecho hay una cuestión que es vital, y es el principio de estabilidad de la Justicia. Se considera una afrenta terrible, peor incluso que los delitos, el hecho de que las decisiones jurisdiccionales carezcan de una seguridad y permanencia que le dé coherencia a la aplicación de la ley.

Esto es lo que ha faltado en la solución argentina, donde cada gobierno que llega cambia lo decidido por el anterior, y los jerarcas militares han sido perdonados y condenados tantas veces que nadie sabe a ciencia cierta cuál es su situación actual.

La "fórmula" uruguaya no fue perfecta, como ninguna lo es en este tipo de casos, ya que no hay solución mágica que pueda poner fin al dolor y sufrimiento de tantas familias. Pero tuvo la característica de ser el fruto de la grandeza mostrada por el pueblo, que luego de haber luchado durante años por recuperar la democracia, decidió dejar el pasado detrás. Tan así es que salvo casos aislados, nadie ha puesto en tela de juicio la validez de la opción ejercida en las urnas por la mayoría de los uruguayos.

Pero claro, la grandeza no es algo que se pueda enseñar o transmitir. Se tiene o no se tiene.

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