Ayer nació una nueva esperanza

Un presidente aguerrido frente a los políticos y los empresarios teme, en cambio, enfrentar los conflictos sociales. Ese temor —en este caso a los asambleístas de Gualeguaychú y Colón— desató una crisis injusta con Uruguay.

Una nueva y enorme esperanza nació ayer, en Santiago de Chile. Kirchner y Tabaré Vázquez dejaron de improvisar, uno en Buenos Aires y el otro en Montevideo. Hablaron. Nada les había impedido hacerlo mucho antes. Si Kirchner fue sincero cuando se refirió, aún en la intimidad, a Uruguay y a su amigo Tabaré Vázquez (y si éste tampoco miente cuando habla de su colega argentino) el acuerdo nunca fue un proyecto imposible.

Pero el problema todavía está, intacto. Uruguay sigue aislado por los piquetes de la orilla argentina. Los presidentes sólo han comenzado a armar las piezas del rompecabezas. Ya las papeleras habían deslizado que podrían decidir la paralización temporaria de las obras, pero necesitan la garantía de que el conflicto se resolverá durante ese paréntesis. Los gobiernos de España y Finlandia (países donde están las sedes centrales de las empresas) presionaban a sus compañías para que contribuyeran a una solución.

Ahora Kirchner tiene que liberar los puentes cortados. Hace una semana, el gobernador Busti y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, fracasaron en el pedido de una tregua a los asambleístas. Pero ese pedido desoído sembró, sin embargo, la semilla del acuerdo de ayer. El gobierno argentino había tomado partido contra los cortes. Todavía debe demostrar que puede devolver a sus casas a los asambleístas.

Sin duda, la reunión de Kirchner y Tabaré Vázquez fue la mejor novedad de los últimos tiempos, haya sido milagro de Lagos o de la nueva presidenta chilena, Michelle Bachelet. Hasta podrían poner en estudio la propuesta de Roberto Lavagna, para que las papeleras incluyan a la Argentina con la segunda fase de la producción, la de papel y cartón. Antes, hay que repetirlo, Kirchner tendrá que hacer lo que más detesta hacer: enfrentar un conflicto social. Es hora de que lo haga: la tensión con Uruguay era ya una agresión a la historia. (Fuente: La Nación, 16/03/2006).

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