Podría pensarse que si, mediante algún acto de magia, lográsemos desinventar las armas de fuego, seguramente el ser humano retornaría raudamente a las piedras y los palos para resolver los conflictos con sus semejantes. Esta es la visión pesimista. La parte vacía del vaso.
Pero el vaso también está medio lleno. Las sociedades se esfuerzan en establecer mecanismos en sus relaciones internas e internacionales para resolver los conflictos en forma civilizada y tratan de regular y contener el tráfico de armas. Este objetivo se ha logrado en gran medida en el caso de los sistemas más destructivos, como las armas nucleares y los equipos militares pesados. Hoy, la mayor parte (en torno del 60-90 por ciento, según algunas estimaciones) de los muertos y heridos en conflictos de baja intensidad lo han sido por armas pequeñas.
¿Qué es un arma pequeña? El término es engañoso. Los acuerdos internacionales en esta materia se aplican a las armas portátiles, su piezas y componentes y municiones. En general, el término "armas pequeñas" incluye armas de tipo personal portátiles y de poco poder como pistolas, rifles, ametralladoras, granadas, lanzagranadas y morteros. Algunas son utilizadas como defensa personal, para la caza o con fines deportivos. Otras son armas militares de infantería.
Un estudio de la Oficina contra la Droga y el Delito de las Naciones Unidas concluye que en el mundo existen más de 600 millones de armas pequeñas y ligeras, que provocan anualmente unas 300.000 muertes directas. Estas se dividen, en 100.000 bajas producidas en conflictos armados, muchas veces de baja intensidad, y en 200.000 en otras situaciones (comprendiendo los derivados de la actividad criminal).
Esas armas tienen efectos indirectos sobre las sociedades donde proliferan. El informe anual sobre armas pequeñas correspondiente al 2005, señala que en lugares como la República Democrática del Congo y el Sudán aproximadamente el 80% de las bajas son el resultado indirecto de los enfrentamientos donde los bandos utilizan armas pequeñas (basta pensar en la "limpieza étnica" que están llevando a cabo en la región de Darfur grupos vinculados al gobierno de aquel país).
Los combatientes destruyen la infraestructura y aterrorizan a los pobladores, que deben huir y abandonar sus poblados. El resultado son miles de víctimas de enfermedades evitables, como disentería o malaria.
La proliferación de armas pequeñas también es una amenaza en sociedades más avanzadas y estables. Un ejemplo es la situación en Colombia. En otra escala muy diferente, lo que está sucediendo en Rio de Janeiro, donde el Ejército se ha visto obligado a intervenir para contener a las organizaciones de narcotraficantes en algunas de las favelas que rodean Rio de Janeiro, demuestra la necesidad de ponerle coto al tráfico ilícito de armas pequeñas.
En nuestra región, la OEA adoptó en 1997 la Convención Interamericana contra la fabricación y el tráfico ilícitos de armas de fuego, municiones, explosivos y otros materiales relacionados. La misma fue suscrita por 33 estados y ratificada por 24. Ahora ha entrado en vigor, al haber sido ratificado por cuarenta países, el Protocolo contra la fabricación y el tráfico ilícito de armas de fuego, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en junio de 2001. En ambos casos, el elemento clave para conseguir el objetivo del tratado es la eficaz cooperación internacional. Todavía queda mucho por hacer.