NUEVA YORK | EFE
Las obras para construir el memorial en honor a los fallecidos por los atentados del 11 de setiembre de 2001 (11-S) en Nueva York comenzaron ayer en la Zona Cero sin la presencia de ninguna autoridad política y con la oposición de familiares de las víctimas.
Un grupo de trabajadores empezó a limpiar a primera hora de la mañana el área donde se emplazara el monumento, que servirá para recordar a los caídos en el peor ataque contra EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial, pero que es motivo de una fuerte controversia.
Idea del arquitecto Amichael Arad, el proyecto fue elegido hace dos años entre 5.200 propuestas y recibe desde entonces el rechazo frontal de familias de las víctimas debido a que se construirá en las plantas de las Torres Gemelas y bajo el nivel del suelo.
Con el titulo de "Reflejo de Ausencia", se trata de dos piscinas de piedra reflectante —una por cada torre— de una profundidad de veinte metros y rodeadas de árboles.
Las piscinas estarán circunvaladas de galerías en las que se inscribirán los nombres de los 3.000 muertos por los atentados de 2001 y también de 1993, cuando el World Trade Center fue blanco de un primer ataque terrorista.
EN CONTRA. "Es un monumento horrible. Los estadounidenses no vendrán a ver esa cosa subterránea en medio del agua", dijo Rosaleen Tallon, hermana de un bombero que murió en los atentados de hace cuatro años y que inicio la noche del lunes una sentada en protesta en la Zona Cero.
Tallon es miembro de la conocida como Coalición de Familias del 11-S, que ha anunciado movilizaciones populares en contra del diseño y la pasada semana presentó una demanda judicial para tratar de detener las obras, que está previsto concluyan en 2009 y tengan un coste mínimo de 500 millones de dólares.
Aparte de oponerse a que el nombre de sus familiares figuren bajo tierra y no se respete el vacío dejado por las Torres Gemelas, el grupo alega motivos de seguridad para rechazar el memorial, que afirma no podrá ser evacuado con rapidez en caso de alarma.
También el gobernador del Estado de Nueva York, Georges Pataki, defendió el comienzo de las obras, que calificó de "paso muy importante para reconstruir la Zona Cero", en tanto que el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, daba por zanjada la polémica al afirmar que "ha llegado la hora de actuar".