Cuestión de género

Hoy se celebra el día internacional de la mujer trabajadora, una fecha ante la cual España se está portando mejor que otros países al lanzar el anteproyecto de una Ley de Igualdad. Con ello asegurará la participación ventajosa de la mujer en todo ámbito laboral y redoblará el combate contra cualquier signo de discriminación por cuestiones de género. La igualdad de derechos ha sido para el sector femenino de la humanidad una lucha encarnizada y larga, desde que hace cien años comenzó la batalladora actividad de las sufragistas. Pero la conquista del voto —un terreno en el que Nueva Zelanda se constituyó en pionera mundial— no fue más que el comienzo de una campaña para establecer esa paridad en todos los campos de la actividad humana.

Hoy parece un dato histórico remoto ese proceso de equiparación, porque se vive en un mundo donde hay jefas de gobierno en unos cuantos países (Finlandia, Filipinas, Alemania, Liberia, Sri Lanka, dentro de unos días también Chile) y millones de mujeres han ingresado en áreas —laborales, profesionales, culturales, políticas y económicas— donde la presencia del varón era excluyente hasta hace poco tiempo. Pero no debe olvidarse que todavía existen otros países donde la diferenciación en perjuicio de la mujer sigue siendo un agravio, como Arabia Saudita, Nigeria, Sudán o Yemen. Celebrar el día de la mujer trabajadora es aún en el siglo XXI una ocasión para abrir frentes de lucha que desarticulen esa intolerancia y esos residuos de atraso.

Mucha gente puede recordar las épocas no tan lejanas donde estaba vedado el ingreso de mujeres a puestos de trabajo en ciertas áreas o en el mejor de los casos se aceptaba su ingreso pero en condiciones salariales humillantes frente a las del hombre. Paso a paso, la mujer ha ido limando esos desniveles y ha sabido incorporarse a territorios laborales donde su presencia resultaba antes inesperada y hasta insólita, como las fuerzas armadas. La actividad femenina en ámbitos decisivos como un Parlamento o un gabinete ministerial, está demostrando que la celebración de un día como el de hoy no hace más que retribuir —como homenaje simbólico del calendario— el empeño colectivo que ellas han mostrado para situarse hoy en la plenitud de derechos que las ampara a lo largo de la mayor parte del mundo.

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