Multitudinaria manifestación contra la reforma laboral en Francia

París - Decenas de miles de personas salieron hoy a las calles en una jornada de movilización contra un nuevo contrato laboral para los jóvenes que pretende obligar al Gobierno francés, hasta ahora inflexible, a ceder en su reforma, pero las huelgas tuvieron un impacto limitado en el transporte aéreo y urbano.

Los primeros datos sobre esta jornada de protesta contra el contrato de primer empleo (CPE) daban cuenta de unas decenas de vuelos suspendidos, esencialmente interiores, y algunas ciudades con el transporte urbano reducido pero en ningún caso paralizado.

La convocatoria de paro lanzada por tres sindicatos y no de los mayores - Fuerza Obrera, la Federación Sindical Unitaria (FSU) y Sud- obligó a anular 47 vuelos en Lyon (algo más del 10 por ciento), unos 20 en Toulouse y Marsella, y unos pocos en Burdeos, Nantes o Lille.

En los dos aeropuertos de París, los retrasos era de una hora, como media.

Tampoco hubo problemas en el transporte metropolitano en París, pero sí se registraron dificultades,no generalizadas, en ciudades como Marsella, Lyon o Nantes. Las programaciones de los medios de comunicación públicos registraron alteraciones.

En todo caso, la clave de la movilización contra el CPE será la participación en las 160 manifestaciones convocadas en todo el país por el conjunto de los sindicatos y las organizaciones de estudiantes, que habían paralizado una veintena de universidades.

Con el apoyo de la oposición de izquierdas, todos los sindicatos, así como las asociaciones de estudiantes y alumnos de instituto han convocado esta segunda jornada de movilización en un mes para exigir la retirada del CPE, que ultima su trámite parlamentario.

Ese contrato, destinado a los menores de 26 años en empresas de más de 20 trabajadores, permitirá al empleador despedir al joven durante dos años sin tener que dar una justificación, por lo que sus críticos dicen que agrava la precariedad y ataca el derecho laboral.

Por la mañana, los organizadores habían contabilizado ya a 60.000 manifestantes en Marsella, 20.000 en Rennes, 11.000 en Le Havre, 10.000 en Angulema, 9.000 en Limoges o en Pau, cifras que la policía reducía a la mitad.

Los sindicatos, que salieron debilitados de la anterior jornada de protesta contra el CPE el pasado 7 de febrero en la que dijeron haber reunido a 400.000 manifestantes (218.000 según la policía), saben que para presionar al Ejecutivo conservador a que retire el CPE harán falta mucho más de 500.000 esta vez.

Sobre todo porque el primer ministro, Dominique de Villepin, ha querido desde el principio mostrarse firme para implantar el CPE, que no fue siquiera negociado con los interlocutores sociales y cuya tramitación parlamentaria aceleró con prerrogativas excepcionales.

El ministro de Educación, Gilles de Robien, reiteró hoy que el Gobierno no puede hacer caso sólo de las reivindicaciones de los manifestantes y argumentó que la principal preocupación de los franceses es el paro, los largos periodos de desempleo y el tiempo que cuesta a los jóvenes encontrar un empleo.

Frente a un Villepin que se juega mucho y no ha querido mostrar ningún signo de inflexión en este asunto, pese a que las encuestas muestran que dos tercios de la población se opone al CPE, el secretario general de la CFDT, Francois Chereque, le reprochó haber optado porque "el diálogo social se haga en la calle".

Si la Confederación Francesa de Trabajadores (CFDT) descarta recurrir a la huelga aunque el Ejecutivo no retroceda, el líder de la Confederación General del Trabajo (CGT), Bernard Thibault, advirtió de que "no dejaremos que se instale en la legislación francesa el derecho de despedir con un chasquido de dedos" y "pondremos el tiempo que haga falta".

EFE

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