Un sainete para pensar

| La obra, estrenada por Luis Arata en 1930, fue hecha por Dumas Lerena en 1978

CARLOS REYES

"He visto a Dios es una producción que se aparta fundamentalmente de lo que por lo común nos brindan los productores nacionales de teatro por horas. Concebida con una indudable honestidad, vale decir, creada sin la preocupación material del triunfo popular, alienta en ella una inquietud espiritual que la eleva y la ennoblece". Así fue recibida esta obra por el diario argentino La Mañana cuando se estrenó en Buenos Aires en 1930, asombrando por su particular mezcla entre la cultura popular y los elementos del teatro de vanguardia. A partir de mañana y por cinco miércoles consecutivos, esta pieza del gran dramaturgo Francisco Defilippis Novoa se suma a la cartelera teatral, dándose en la Sala Cero de El Galpón a las 21 hs. con localidades a $ 100.

El propio autor argentino, días antes de aquel estreno, había realizado unas declaraciones a la prensa que daban cuenta de una clara visión sobre su propia literatura. "Y empieza la tragicomedia del hombre que no se fijó más que en las cosas palpables del mundo, creyendo místicamente en una farsa que los que lo rodean urden para arrebatarle el fruto de sus pillerías. La obra está exenta de literatura, y escrita con rudeza, consultando siempre la capacidad cerebral de los personajes. Con los elementos que nuestro sainete ha visto en su faz puramente externa, aspiro a un plan superior, sin dejar por ellos de perder el alcance popular de la obra, capaz de interesar y de agradar a cualquiera".

De este modo, el autor explicaba cuál era el gran acierto de su obra: aprovechar los elementos populares del sainete tradicional (especialmente su carácter alocado y su espíritu festivo), para sumarle los avances europeos de una literatura de avanzada que encabezaban Lenormand y Pirandello, este último estrenado en Argentina en 1922. De estos autores, Defilippis toma el tiempo subjetivo y dimensión psicológica, junto a la fantasía y la existencia de mundos paralelos.

Por eso, se ha dicho que He visto a Dios es en primera instancia, un texto caricaturesco, con procedimientos de la comedia que nacen a partir del autoengaño del protagonista, alternando lo cómico y lo patético. Pero a este modelo, le agregó un personaje simbólico, el Vendedor de Biblias, que conduce el texto hacia un desenlace mesiánico, dándole una densidad que excede la de un mero sainete.

Puesta en escena en Montevideo en 1978 en el Teatro del Notariado, bajo dirección de Dumas Lerena, la pieza ofrece junto a su riqueza, un problema de género que obliga al director que elija este texto a moverse con mucho cuidado. Ese doble filo de este sainete profundo dio pie en su estreno porteño, más de 70 años atrás, a una notable actuación de Luis Arata, quien demostró que además de ser un histrión popular, manejaba elementos técnicos que iban más allá de lo netamente intuitivo.

Ese perfil renovador de la obra de Defilippis —cuya producción consta de 31 piezas, doce de ellas pertenecientes a su período más moderno,— le causó grandes dificultades y un gran aislamiento en su entorno artístico, que le hicieron padecer lo que él mismo denominaba "la tristeza de mi soledad".

Dirigida ahora por Alvaro Loureiro y Dino Armas, el elenco está integrado por Luis Lage, Mario Erramuspe, Juan González Urtiaga, Stella Palazo, Marcelo Miranda, Martín Perrone, Fabián Silva, Claudio Capucho y Soledad Rosa, con escenografía de Pablo Cotignola, iluminación de Juan José Ferragut y selección musical de Hugo Indart.

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