JORGE ABBONDANZA
El jueves a las 19 horas en el Centro Cultural de España (Rincón 629) se abre una muestra de título engañoso: Escritores en Uruguay. No se trata empero de una exposición literaria sino plástica, porque esos escritores —35 en total— están allí retratados por Hermenegildo Sábat, un artífice igualmente uruguayo cuya celebridad deriva de sus caricaturas pero cuya capacidad de maniobra en la expresión artística va bastante más allá, a través de la pintura por ejemplo. El virtuosismo de Sábat resulta accesible por diferentes vías, no sólo gracias a las abundantes exposiciones que ha realizado en Montevideo a través de los años, sino mediante su trabajo diario en Clarín, el matutino porteño en el que colabora desde hace décadas como ilustrador fuera de serie.
Radicado en Buenos Aires desde 1966, Sábat ha ido ampliando su prestigio hasta una escala internacional en la que ha recibido premios, reconocimientos y distinciones múltiples. En el Uruguay, sin ir más lejos, se le concedió en 1997 el Premio Figari que otorga el Banco Central y que desde 1995 ha estado dedicado a recompensar las trayectorias (habitualmente largas y consagratorias) de los maestros del arte visual en el país. Por suerte, y a pesar de vivir en Buenos Aires, la presencia de Sábat nunca se apagó en nuestro país, no sólo a través de esas frecuentes muestras sino también por su actitud personal, que ha permanecido ligada en espíritu y en identificación cultural con su comarca de origen.
Lo que podrá disfrutarse ahora en el Centro Cultural de España incluye el retrato de escritores de variadas generaciones, por pedido expreso de la editorial Alfaguara, que ha cumplido 40 años de actividad y quiso celebrarlo en esta región del mundo con retratos de autores a cargo de Sábat, que entre otras cosas es un maestro del retrato. Para ello bastará echar una ojeada a la fila de notabilidades que en el caso pasaron por su lápiz, desde nombres históricos como Horacio Quiroga, Joaquín Torres García, Juan Carlos Onetti o Carlos Quijano, hasta escritores jóvenes como Ana Solari o Rafael Courtoisie. Para el diario El País, uno de los retratados asume un valor singular. Se trata de Homero Alsina Thevenet, un crítico imborrable cuya famosa mezcla de severidad y sabiduría ha pasado junto con él a la tradición periodística y cultural del Río de la Plata, mientras su ausencia —en el diario y en la vida— sigue siendo un motivo de pena para quienes lo admiraron, lo conocieron y lo quisieron. Darse una vuelta por la exposición de Sábat permitirá entre otras cosas reencontrarse con Alsina, esa efigie que el dibujante resolvió enganchándola a las grandes cejas, la mirada burlona, la nariz dominante, la boca atrincherada detrás del bigote. Así era el hombre