Vientos huracanados, lluvias intensas y posibles granizadas, compusieron la crónica del temporal anunciado para el viernes y el sábados últimos por nuestros inefables "mentirólogos". Temeroso de que esta vez —por la proximidad del carnaval— sus pronósticos pudieran disfrazarse de aciertos, me tracé un programa casero para el fin de semana, respondiendo así al alerta a la población que contenía una exhortación a no salir a la calle de no ser absolutamente necesario.
El viernes lo liquidé actualizando lecturas atrasadas de diarios y revistas. Decidí dedicarle el sábado, íntegramente, a la televisión.
Arranqué por la mañana con "Crónica", que trasmite el día entero en directo, desde el lugar de los "deshechos": en la ocasión, su relato de desastres abonó una mínima cuota; así y todo, no pasó una sola noticia estimulante. A las 13.00, poco antes de almorzar, sentí un fuerte impulso cultural que me trasladó a "Discovery", donde unas repugnantes víboras estaban esperándome para sacarme la lengua. Tuve que esforzarme para comer: y luego de asegurarme de que no había ninguna cascabel en el living, me recosté en un sillón para dormir una siestita que se prolongó más de lo habitual. Me desperté cuando se aproximaba la segunda presentación de "el nuevo Peñarol", así promocionado como atracción, cuando lo que quiere ver la hinchada es al viejo Peñarol. Días antes, pese al debut exitoso frente a Tacuarembó, el flamante DT había razonado: "Ganamos, pero hay que arreglar dos millones de cosas". Supongo que después del cuaterno de River, le habrá agregado a ese cálculo cuatro millones de cosas. Me parece, Garisto, que estás listo...
Consumada la caída de la estantería, me pasé a TyC para ver el partido entre Quilmes y Estudiantes de la Plata. Los "pincharratas" son mi segunda pasión futbolera: iban invictos, y los sequé. Perdieron por mínima. A las 9 de la noche anclé en "Teeeenfil", dijera Sonsol. Jugaban Olimpia y Trouville en el rectángulo del primero. El relator —tan "fana" de Atenas como yo— trasmitía "con los ojos en Colón y en Paysandú el corazón". Allí jugaban los de Palermo con los locales. En el intervalo del básquetbol pasé por Saeta —no sin antes ver a los caimanes reunidos en asamblea general en "Discovery"— y me quedé mirando "Sexualmente", un programa en que una pareja de especialistas trata temas de educación sexual —muy de moda— que me demostró que yo pertenecí a una generación de... como decir... de "payadores del sexo", esto es, de tipos que improvisábamos un repertorio, tocábamos donde podíamos y cantábamos donde nos dejaban. Ahora, los mismos pasatiempos históricos se practican educadamente, siguiendo los consejos de los expertos. El psicosexólogo atendió con especial delicadeza a un televidente, que le consultó acerca de determinados centimetrajes que hacen a su perfil masculino: debió quedar tranquilo porque, de acuerdo a las gráficas que siguen la elevación del... del "rating", todo está dentro de los promedios normales. Cuando terminó la clase de una hora, volví a "Teeeenfil"; habían ganado "los alas rojas" y perdido "los alas negras".
En el último espasmo cultural del día, retorné a "Discovery": estaban actuando —mal maquillados— los cocodrilos. Del temporal, ni palabra. Apagué el televisor y me fui a acostar, confiando en que no me pasaría lo que le ocurrió a aquel sujeto que soñó que se lo tragaban los cocodrilos, y se lo tragaron más.