JORGE SAVIA
El carácter de amistoso de un partido entre Inglaterra, que se prepara para ir al Mundial con chapa de relativo candidato, y Uruguay, que asume este tipo de compromisos para "hacer un pesito", y de paso para poner en la vidriera a la "nueva muchachada celeste", aún a riesgo de que al "tocar" el cuadro como lo hizo en la víspera Ferrín se comprometa un resultado que era aceptable a los efectos estadísticos y de la posibilidad de dejar una buena imagen, hasta por este último motivo no da para como decir que haber perdido sobre el final, es una lástima.
Igual queda enhiesta una especulación de qué pudo haber pasado si el equipo celeste hubiera seguido armado sobre la estructura con la que jugó hasta que promediaba la segunda parte. Hasta ahí, aún con algunas dificultades como para plantar una defensa a la antigua usanza porque por el flanco derecho de la retaguardia hubo pasajes que el partido parecía una prolongación del que se jugó en Sydney ante Australia, pero marcando en zona, con dos líneas de cuatro, y haciendo lo que puede hacer en los tiempos actuales, que es contragolpear aisladamente para llevar peligro al arco rival con remates de media distancia, como ocurrió con el golazo de Pouso y tres disparos que ejecutaron Forlán y Diego Pérez en forma alternada, Uruguay tuvo una identidad más ajustada a lo tradicional y, con una buena defensa, hizo que el partido se correspondiera con una estadística que ante los británicos le es históricamente favorable.
La otra conclusión: es cierto, desde que empezó a importar jugadores extranjeros, el fútbol inglés cambió algo. Pero por más Joe Cole o David Beckham que tengan, ellos siguen apostando a entrar por las puntas y meter "centrazos" hasta el cansancio. Y así ganaron. Se ve que no les llegó ese prurito del "nuevo fútbol uruguayo" de que sólo sirve jugar bien, al tiqui-tiqui y por abajo.