BAGDAD | AP, NEWSWEEK, THE ECONOMIST
Al menos cuatro personas murieron y 16 resultaron heridas ayer en una serie de ataques con morteros en un vecindario chiita de Bagdad, mientras que helicópteros de las fuerzas extranjeras dispararon contra tres casas y soldados arrestaron a 10 personas en las inmediaciones de Samarra, dijeron fuentes policiales y militares.
Otras cuatro personas murieron en tiroteos en Baquba.
No quedaba claro si el operativo de las fuerzas estadounidenses estaba relacionado con el atentado dinamitero del miércoles a una mezquita de Samarra que provocó una ola de ataques de represalia la semana pasada.
Para frenar la violencia, los sunitas están dispuestos a volver a las negociaciones sobre un nuevo gobierno si los chiitas devuelven las mezquitas que tomaron durante los ataques sectarios de la semana pasada y cumplen con otras demandas no específicas, adelantó una figura sunita.
Los sunitas abandonaron las negociaciones el jueves, después que el ataque dinamitero a la mezquita Askariya provocó una ola de atentados de venganza contra santuarios sunitas en Bagdad, Basora y otras ciudades.
El boicot amenazó los planes de formación de un gobierno de unidad capaz de frenar la insurgencia alentada por los sunitas, que posibilitaría el retiro de las fuerzas extranjeras.
Adnan al-Dulaimi, cuyo Frente de Acuerdo Iraquí encabezó el boicot, dijo que los sunitas no han decidido si volverán a las negociaciones, pero están "dispuestos a participar" en el nuevo gobierno.
"La situación es tensa y en uno o dos días esperamos mejorarla y después mantendremos conversaciones", expresó a la AP. "No hemos terminado completamente con nuestra suspensión, pero estamos encaminados para hacerlo".
Mencionó "algunas condiciones" que primero deben cumplirse, entre ellas la entrega de las mezquitas que aún ocupan milicianos chiitas en Bagdad y Salman Pak. No identificó a las otras demandas, pero algunos políticos sunitas han insistido en el reemplazo de los policías chiitas por soldados sunitas.
Todo esto en lo que muchos analistas ven que Irak podría degradarse de un atolladero incontrolable en algo aun peor.
El Embajador de Estados Unidos, Zalmay Khalilzad, dijo que la nación está más cerca que nunca de la guerra civil. El sábado el presidente Bush telefoneó a siete líderes iraquíes, incluyendo al primer ministro, Ibrahim Jaafari y el líder de la alianza chiita, Abdul Aziz al-Hakim, así como a dos influyentes políticos sunitas. El presidente les pidió que continúen intentando formar un gobierno de unidad. Pero Bush, que suele verle el lado positivo a las cosas, declaró que "los próximos días van a ser intensos".
El breve reino del terror en Irak fue una prueba de que la fuerza de seguridad de 200.000 hombres —que dicen no hicieron nada para detener la violencia— no está capacitada para tomar el control.
La violencia, además, subrayó las fallas en el balance del poder entre los líderes. El ayatollah Alí Al-Sistani ha intentado que los ataques de los extremistas sunitas a blancos chiitas no desencadenen la violencia étnica. Pero seguidores de un clérigo chiita más joven y más radical, Moqtada al Sadr, han tomado cartas en el asunto. Los milicianos chiitas han asolado Bagdad desde el ataque a la mezquita el miércoles pasado, desafiando la autoridad de la Policía y las fuerzas de seguridad. Tomaron al menos una mezquita en Bagdad, echaron al imán y la rebautizaron Mezquita Alí, en honor al yerno del profeta Mahoma que reverencian por los chiitas.