Edward Piñon
Decir que Uruguay escribió sus páginas de historia futbolera en base a las "patadas", es lo mismo que asegurar que Inglaterra es el reino de la violencia en el fútbol porque en su liga juegan o jugaron algunos de los futbolistas más agresivos que haya conocido el balompié mundial.
Ni una cosa ni la otra. Porque si bien fue en Inglaterra donde el irlandés Roy Keane —estrella del Manchester por esos tiempos— admitió que tenía intenciones de fracturar al rival que sacó de la cancha tras aplicarle un tremendo golpe, jamás podría considerarse por ello a todos los jugadores británicos como dueños de una agresividad mítica.
Si por casos puntuales se puede estereotipar a los deportistas de un país, qué queda para una nación que idolatró al francés Eric Cantoná, quien protagonizó el insólito acto de tirarse con las dos piernas contra un espectador que estaba en la tribuna. Pero eso no es todo, ¿la última cacería del Chelsea contra el argentino Lionel Messi fue en el Estadio Centenario? ¿No fue Sir Alex Ferguson el técnico que en el vestuario le pegó con un zapato de fútbol a David Beckham?
Que quede claro, acá no son todos santos, pero allá tampoco.