Desde hace poco más de un año, cuando se conoció la integración definitiva del gabinete Ministerial, se escucharon voces en los medios de comunicación y —más subrepticiamente— en sectores políticos, sobre la eventualidad de que el gabinete fuera un gabinete (al menos en parte) "de transición". Se decía, concretamente, que Vázquez había armado un gabinete para un año o año y medio, y que los recambios ya estaban planificados. Incluso se especuló con que varios de los actuales subsecretarios podían terminar ejerciendo la titularidad ministerial en el futuro, y con que algunos líderes de sector que hoy están en el Parlamento (como Rafael Michelini) también podían estar a la cabeza de la lista de recambio.
Si esto es cierto o no, quizá sólo Vázquez lo sabe. Y, quizá también, sólo el tiempo lo dirá.
A esta expectativa inicial sobre potenciales cambios se agregaron los hechos, es decir, la suerte que le ha tocado vivir a cada Ministro durante este primer año de su gestión, que en algunos casos pueden haber incrementado expectativas de recambio, y en otros quizá las aplacaron.
Desde la oposición fue claro durante 2005 que la presión sobre el gabinete se ha concentrado en tres o cuatro figuras clave sobre la que se descargó la artillería más pesada. Marina Arismendi fue duramente criticada por las fallas de implementación del Plan de Emergencia; José Díaz por la iniciativa de la Ley de Cárceles y por una percepción de falta de "punch" en la gestión ministerial y en el respaldo al cuerpo policial; María Julia Muñoz por algunos conflictos puntuales en la órbita de la salud y por la iniciativa de la futura reforma del sistema; y finalmente Reinaldo Gargano por su desempeño global en la Cancillería y, más recientemente, por la forma en que se manejó en el conflicto con Argentina. Estos cuatro han sido, en líneas generales, los blancos privilegiados de los dardos de la oposición durante el primer año, y varias voces de pedidos de renuncia se hicieron sentir.
Pero Vázquez no movió ficha (incluso cuando quizá dentro de su propio partido algunas modificaciones no necesariamente hubieran sido mal vistas). Como en el fútbol, cambiar un jugador antes de terminar el primer tiempo es una medida antipática, y el Presidente optó por respaldar a toda su cartera durante este período.
Ahora los tiempos son otros. A partir del primer año (aunque no es el fin del primer tiempo en un sentido estricto), ya se atravesó el umbral a partir del cual la realización de cambios está dentro de las posibilidades razonables.
Sin embargo la coyuntura actual, en medio de un conflicto serio con Argentina, y con el Presidente preocupado por mostrar señales de unidad extrapartidaria, parece lejos de ser la más adecuada para emprender un camino de este tipo. Si es cierto que Vázquez tenía pensado hacer cambios sustantivos en el gabinete este año, tendrá que esperar probablemente una mejor oportunidad.
Pero, independientemente de si es ahora, a fin de año o el año próximo, es razonable pensar que Vázquez moverá su gabinete. Por un lado porque algunos Ministros (aunque hoy no necesariamente sepamos cuáles) casi inexorablemente van a empezar a dar síntomas de desgaste de su imagen, y el recambio será la decisión recomendable. Pero por otra parte, y quizá más importante, porque el Frente Amplio necesita empezar a generar espacios de alta visibilidad para la renovación de sus cuadros políticos. Un gabinete con el promedio de edad del actual no parece el mecanismo idóneo para facilitar este proceso, y la conveniencia de operar en este sentido será creciente a medida que se acerque la próxima elección.