JORGE DA SILVEIRA
Tras la gran ilusión que generara el gran triunfo ante Pumas de México por 2 a 0, tras una actuación muy superior a la esperada, los hinchas tricolores se ilusionaron con la posibilidad de ver a su equipo en una buena presentación en Porto Alegre ante el Inter local, que venía de igualar con Maracaibo 1 a 1 en Venezuela.
La frustración fue muy grande, pues no solo se perdió 3 a 0 sino que se jugó muy mal en todo sentido y ni siquiera se vio la clásica rebeldía que en otros tiempos tuvieron siempre los equipos uruguayos. La defensa no pudo actuar peor, en lo colectivo e individual, jamás se supo tener la pelota y apenas hubo dos contragolpes en el primer tiempo que dejaron claro que la defensa local era muy vulnerable si se jugaba como era debido, en velocidad. El único que puso la clásica garra charrúa fue Garcés, panameño.
Se cometieron errores de principiantes en la marca. Albín no cubrió la zona izquierda, que era el mayor problema en lo previo. Vanzini jugó el peor primer tiempo de su vida. A espaldas de Brítez y Vanzini, Tinga se movió cómodo, pues ninguno de los volantes lo siguió ni los zagueros salieron a encimarlo. El 9, Fernandao, le llevaba más de una cabeza a Jaume y Victorino. En jugadas de pelota quieta debía tomarlo Vanzini. Lo dejó cabecear con comodidad en el segundo gol. Bava debió salir mucho más con sus manos en los centros.
Con la pelota, "Malaca" no mostró nada de lo muy bueno visto el domingo en Bella Vista. El fútbol internacional tiene otras exigencias. Albín hizo muy bien la jugada del minuto 9, se la pasó a Castro que sirvió el centro que cabeceó mal Garcés y nada más. Castro acertó muy poco, muy golpeado. Sólo siguió el panameño todo el partido, sin compañía.
Hay cosas que no se entienden. La Copa es un gran desafío, deportivo y económico. Al llegar a ella el jugador debe entrar con el máximo de concentración y motivación. Nada de eso se vio en los futbolistas tricolores, distraídos, con errores infantiles, técnicos y de concepto. Tácticamente nunca se acertó ante un rival que se sabía sería peligroso. Ni se escalonó bien, ni hubo rapidez de reacción para seguir rivales. Pero lo que más dolió fue la falta de garra, de rebeldía ante la adversidad, patrimonios de siempre de los jugadores orientales. Sólo la exhibió un centroamericano. No tiene explicación.