Un viaje de dos horas de avión separa El Cairo de Abu Simbel, en el desierto nubio al sur del Nilo. Este templo encierra varias incógnitas y un puñado de milagros; en él, Ramsés II cometió tal vez el peor de sus pecados divinizándose en vida y ubicándose a la par de los dioses cuyas figuras decoran su templo.